El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

17 diciembre 2010

Oda al caracol



Oh, caracol que has sido liberado por la mano autonómica. Caracol de la leyenda, caracol de la antigüedad, caracol de la historia, metáfora de poetas y símbolo de fábulas, cuentos y refranes. Oh caracol, víctima inocente de la depredación en salsa, que la mano del poder andaluz te ha depositado suavemente sobre la yerba fresca de la sierra de Gádor para que te bebas de golpe la libertad. Tú caracol, tantas veces menospreciado, tantas veces vilipendiado, eres ahora la envidia de la naturaleza. Y ahí estaban el otro día los titulares de prensa para que el mundo entero se sorprenda con tu historia. “La Junta de Andalucía libera veinte caracoles”. Y el consejero, feliz, con un caracol en la mano; y sus asesores, rampantes, emocionados, al ver cómo el caracol descendía hasta el matojo. Fue un paseo lento, una alfombra silenciosa de babas te acompañaba, la palma de la mano, la muñeca, los dedos y, al final, la libertad. Naciste en cautividad y ahora la Junta te da la libertad.

Oh caracol, espiral serena, buldozer diminuto, caracol de mitologías, superviviente de la naturaleza, ingenio hermafrodita, combinación armoniosa de casa y sexo, ejemplo de pragmatismo para esta Humanidad onanista, siempre enredada en tensiones sexuales. Tú que estás entre los primeros pobladores de la Tierra, tú que has sobrevido a las dinosaurios y a los mamuts, tú que has sorteado serpientes y pájaros, tú que has resistido a las tabernas y a los peroles de agua hirviendo, obtienes ahora la recompensa histórica de un plan con tu nombre, aprobado por la Junta de Andalucía, como un gesto de justicia histórica, sí de memoria histórica también. “Programa de Conservación y Uso Sostenible de los Caracoles Terrestres”. Alégrate, caracol, que ya eres libre y, además, sostenible. Todo un programa financiado con fondos europeos lleva tu nombre. Qué sentirán sino alborozo cuando en Alemania lleguen las noticias de tu liberación. Y en Holanda. O en Francia, qué mejor destino puede tener la solidaridad europea que un plan como el tuyo, que te hace libre y sostenible.

Oh caracol, cofre andante, escultura perpetua, tu modestia es ahora orgullo de raza, triunfo de especie, porque todo un gobierno y su parafernalia ha sabido tomar tu ejemplo, de abnegación, de constancia, para representarse a sí mismo. La lentitud deslizándose sobre un lecho de babas plateadas. Oh caracol, dorado laberinto, hoy nos miramos en todo aquello que representas, aquello por lo que has pasado a la historia, para que te conviertas en estandarte de lo que hemos logrado con este formidable estado de las autonomías. Caracoles liberados, caracoles sostenibles, caracoles con plan, caracoles en la mano de un consejero audaz. Oh cacarol, temblamos con el pálpito de tus antenas, para cantarte, para recitar como trovadores de los caminos, esta oda emocionada. Caracol, eres libre. Cuando te vea en la taza, será imposible contener las lágrimas. Y no será por la guindilla.

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09 marzo 2010

Hijos del desastre



Si nueve de cada diez viviendas que se han inundado en Andalucía eran ilegales, la tragedia no es el temporal, la tragedia es el desastre urbanístico consentido durante todos estos años. La lluvia de estos días no es ninguna novedad en la historia, que de un invierno similar se tiene constancia hace cincuenta años y, antes de que el cambio climático se ofreciera como explicación oficial de todas las adversidades de la naturaleza, ya se había establecido que Andalucía, a pesar de su realidad de canícula, a pesar de su estampa de tierra seca, tiene un porcentaje de riadas e inundaciones mayor que la media española y europea. Y tampoco esto último, la constancia estadística, es ninguna novedad. Con lo cual, la ecuación se resuelve con una simple suma de certezas, si la inmensa mayoría de las viviendas inundadas son ilegales, si desde hace años se sabe que esas zonas son inundables y si conocemos también que la frecuencia aquí de las inundaciones es mayor que en el resto de España, ¿no es una estupidez culpar de lo ocurrido al ímpetu desbordado de la naturaleza?

Cualquiera que haya seguido con atención en los últimos días las crónicas e informaciones que se han publicado sobre las inundaciones andaluzas se habrá percatado que nos ha ocurrido como en tantos otros momentos de desconcierto en los que, al final, nos miramos a la cara con el ceño fruncido por la perplejidad y el asombro. Existían prohibiciones, pero no se ejecutaban; había planes, pero no se aplicaban; contábamos con expertos, pero no se les prestaba atención. Existe toda clase de programas operativos, marcos de actuación, planes de desarrollo, documentos finalistas y orientaciones estratégicas sobre la elevada frecuencia de las inundaciones en Andalucía y sobre los puntos exactos que son inundables. Pero, por lo visto, sólo servían para engordar las estanterías de las muchas delegaciones, direcciones generales y empresas públicas de la Junta de Andalucía que tienen algo que ver con el urbanismo, con el agua y con la protección civil. Y para que muchos ayuntamientos burlaran todo ese planeamiento y optaran por la legalización encubierta de esas barriadas ilegales con la progresiva concesión de licencias de agua o de alcantarillado. ¿De verdad que la culpa de las inundaciones la tiene la naturaleza?

Sostiene una portavoz ecologista, Lola Yllescas, de Ecologistas en Acción, que en realidad la normativa andaluza sobre prevención de inundaciones es muy buena. Y añade: «La normativa es buena, el problema son los gestores». Es así, claro. Y como esto es lo que ocurre, lo que se impone ahora en la política andaluza no es una ronda de subvenciones, barra libre, por todas las barriadas inundadas, sino la aplicación de un plan general para demoler todas las edificaciones ilegales, ya sean casas o polígonos industriales, que se encuentren en zonas inundables. Luego, que se facilite al realojo de los afectados en otro lugar aunque, por lo que ya se está viendo, cualquier insinuación de demoler esas casas ilegales se acabará topando con las quejas de ‘desarraigo’ de las familias que allí viven en la ilegalidad. Se verá.
Entre tanto, tengamos claro lo ocurrido. Si nueve de cada diez viviendas inundadas eran ilegales, la tragedia no es el temporal sino la inutilidad de la administración que padecemos. El desastre urbanístico de la Junta de Andalucía tiene ya dos hijos reconocidos, la corrupción y las inundaciones.

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21 diciembre 2009

Calentamiento global



En la cumbre sobre el calentamiento global, lo normal era que el personal acabara yéndose de putas. Que las discusiones sobre el calentamiento global pueden ser alambicadas, espesas y difusas, y frente a eso, lo que nadie pone en duda es que ha sido el calentamiento global de la entrepierna el que ha mantenido en vilo a la humanidad a la largo de toda su historia. El calentamiento del clima existirá o no existirá, será fruto de la evolución natural de tierra o estará provocado por la contaminación, acortará las estaciones del año o las ampliará, todo eso se puede debatir, pero el otro calentamiento, el calentón propiamente dicho, es evidente y constatable todos los días del año. Por eso, en la cumbre del clima de Copenhague el ayuntamiento ha lanzado una campaña, no contra los hábitos contaminantes de los congresistas, sino contra sus prácticas sexuales. “Sea sostenible. No compre sexo”, rezaban las postales distribuidas en los hoteles y en las salas de reuniones.

Lo que pretendían evitar es que, después de las jornadas de trabajo, los congresistas se fueran directos a los burdeles. “Cada vez que hay una cosa de estas en Copenhague, trabajamos como locas porque los políticos necesitan relajarse después de un largo día de reuniones”, afirmó Miss Dina, una de las portavoces del gremio de prostitutas de Dinamarca. Ella como todas las demás están muy cabreadas con el Ayuntamiento, no sólo porque les ha chafado el negocio, sino porque ha dado una imagen de ellas que no se corresponde con la realidad. En Dinamarca, la prostitución es legal y está regulada como un trabajo más, con lo que muchas mujeres que se dedican a eso libremente, sin coacciones. Y como Dinamarca es un país sensato, con una arraigada cultura democrática y una sociedad que se siente protagonista, las putas le han dicho al gobierno que su obligación es perseguir la explotación de la persona, hombre o mujer, ya sea en la prostitución o trabajando ilegalmente en un pesquero, y que se deje de paternalismos. Esta frase de Susanne Möller, del sindicato de prostitutas, merece un cuadro: “Preferimos tener derechos a que nos salven”.

Con esas convicciones democráticas y, sobre todo, con el convencimiento de que el calentamiento global del hombre no tiene límites, las prostitutas de Copenhague han desafiado al Ayuntamiento durante la cumbre con una oferta irrechazable: un polvo gratis a cada congresista que se acerque al burdel, sólo tenían que mostrar la credencial y una de las odiosas tarjetas represivas, paternalistas, que ha distribuido el Ayuntamiento. La contra campaña ha tenido tanta fuerza, tan contundente ha sido la respuesta de las prostitutas contra la moralina paternalista (Möller se rebeló contra el tópico de mujeres que venden su cuerpo, “yo no vendo mi cuerpo, simplemente vendo un servicio sexual”), que ya entre los propios concejales se detectan disidencias: “hubiera sido preferible conformarse con salvar el clima”.

Como era de esperar, al final la cumbre se cerró con miles de horas de reunión, un alboroto inmenso por el caos organizativo de la ONU y las estrategias de los antisistema, y un texto final que dice lo mismo que se viene incumpliendo desde hace decenas de años. El debate más interesante sobre el calentamiento global es el que ha tenido lugar en los burdeles. Quizá porque, como nos susurraba al oído Marilyn Monroe, “el sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza”

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16 mayo 2009

Petróleo


Zapatero y Griñán se han copiado los discursos. Zapatero, que habla en titulares, con frases hechas para recortar y pegar en la solapa, nos ha dejado su canto sostenible: «Menos petróleo y más energías renovables». Mucho mejor ha estado Griñán, con una de esas afirmaciones que hay que leer varias veces y hasta frotarse los ojos para comprender que no nos hemos equivocado en la lectura: «Desgraciados los países que tienen petróleo en sus tierras». No sé qué pensarán las empresas españolas, como Repsol o Cepsa, pero bueno.

La cuestión es que, tras esas dos declaraciones, nadie que haya podido oírlos pensará que, en realidad, España es uno países europeos más dependientes de la energía que le llega de fuera y que ha sido, precisamente, durante el mandato de Zapatero cuando esa dependencia exterior se ha disparado hasta batir un récord histórico. Así, mientras que la media europea de dependencia energética se sitúa en torno al 55 por ciento (es decir, se consume un 55% más de energía de la que se produce), en el caso de España los últimos informes de Eurostat elevaban la cifra de dependencia energética por encima del 80%, hasta alcanzar en ocasiones el 85%.

Entre las causas por las que se ha disparado la dependencia energética de España en los últimos años no está sólo el aumento del consumo, sino que lo llamativo es que, de forma paralela a ese incremento, ha disminuido la aportación de algunas de las fuentes propias de energía, sobre todo de la nuclear. Y aquí es donde entra en juego el discurso. Fíjense en la peripecia: como el problema es que en España se necesita más energía porque se consume más, la respuesta del Gobierno es reducir la producción de energía propia y aumentar la compra de energía del exterior. ¿Y por qué? Pues para poder mantener el discurso antinuclear. Cueste lo que cueste.

Es cierto que en los últimos años se ha avanzado mucho en la producción de energías renovables, pero mentirá cualquiera que se refiera a ellas sin añadir que, en el mejor de los casos, sólo es posible generar el 30% de la electricidad que se consume en España (datos de enero y febrero de este año). Para el 70% restante, la respuesta no puede ser la demagogia antinuclear o, como ahora, disfrazada de la peste negra. Este maniqueísmo bobo y exasperante, tan engañoso como la retahíla de la sostenibilidad en el tercer país de la OCDE más alejado de los objetivos de Kioto. ¿Tiene sentido ese discurso cuando, anualmente, se destinan 4.000 millones de euros a comprar derechos de emisión a países en desarrollo o del Tercer Mundo.

«En España resulta imposible un debate constructivo y sosegado porque termina en la simplificación de nuclear sí o no. Ojalá el parque eléctrico fuera cien por cien de renovables, pero eso no es posible a corto plazo. Por el momento no podemos pasar sin la energía nuclear. El cambio climático es un discurso noble y, como tal, fácil de hacer y difícil de cumplir». Lo dijo hace unos días Manuel Marín. Pero ese discurso del PSOE no se lleva, o sea. Lo nuestro es aquello del principio, pobres países que tienen petróleo. Desde Facundo Cabral, no se oía nada parecido, «Juan Comodoro, buscando agua encontró petróleo, se volvió rico... pero se murió de sed... Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo...». El petróleo, otra vez como icono de la izquierda pegatinera. Cuando defiendan de nuevo el oleoducto de Huelva, habremos de recordar la frase.

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24 mayo 2008

Parviflorum


Llegó sobresaltado hasta la puerta del despacho y pasó sin llamar. La palidez de Martín asustó a la consejera de Medio Ambiente. Abrió una carpeta de pastas azules y la dejó caer sobre la mesa. Dentro, el informe técnico con la noticia culpable de su estupefacción: “Hallada una planta en peligro de extinción dentro de una refinería de Cádiz”. La consejera miró el informe y volvió a mirar a Martín. “Una población estable de echium parviflorum Moench, que se creía extinguida de la provincia de Cádiz, vive sin problemas dentro de la refinería de Cepsa”. A cada párrafo volvía a mirar a su jefe de gabinete, que asentía sin decir nada, tragando saliva. “Se trata de una colonia de doscientos ejemplares de Echium parviflorum Moench, perteneciente a la familia de las borragináceas, que se diferencia de otras especies similares porque tiene los lóbulos del cáliz muy anchos en la base y una corola azul”.

Cerró la carpeta de golpe y colocó los brazos cruzados encima. ¿Cómo explicar que dentro de una refinería, que es el infierno de la ecología oficial, el anticristo del cambio climático, se había localizado la única colonia de Parviflorum? Allí, entre llamaradas de fuego y barriles de crudo; allí, en la atmósfera pesada del petróleo; allí, sin protección oficial; allí, sin avisar. “Una población estable”, “vive sin problema”, “dentro de la refinería”… La consejera repetía las palabras del informe, mientras se atusaba el pelo buscando una respuesta.

- “Qué ingrata es la naturaleza”, dijo al fin. “Tantos esfuerzos de concienciación de la ciudadanía por el desarrollo sostenible y las energías alternativas; tantas jornadas dedicadas a manifestaciones contra las nucleares y las industrias contaminantes, y fíjate cómo nos paga la naturaleza, como un aliado más de los enemigos de la biodiversidad. Pero superaremos este revés, ya verás…”

Cuando apareció la noticia en la prensa adicta, el titular provocó la reacción inmediata de los colectivos ecologistas. “La única colonia de Parviflorum, amenazada por la refinería”. Al día siguiente, la radio conectó en directo con la refinería para dar cuenta de la primera protesta ecologista. Se hicieron camisetas con el logo de aquella planta. Y pegatinas, y fondos de pantalla para móvil y ordenador. Un grupo de activistas se enfrentó a los trabajadores, los llamaban esquiroles y asesinos, y el subdelegado acabó enviando a los antidisturbios cada mañana. La consejera reaccionó con un primer paquete de medidas de obligado cumplimiento para la refinería. Disminución de gases contaminantes en un 50 por ciento, prohibición expresa de circular con barriles de crudo a menos de trescientos meros de la colonia, vallas especiales en un perímetro de doscientos metros… Cuando, un mes más tarde, se anunció el cierre de la refinería un escalofrío de emoción recorrió el cuerpo de Martín. Las políticas de sostenibilidad habían vencido a los caprichos de la naturaleza.

(Ficción sobre una noticia real: la aparición en una refinería de Cádiz de una planta en peligro de extinción).

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29 octubre 2007

Salipún


Inevitables y constantes. Imprevisibles. Habilidosos y persistentes. Omnipresentes. Ineludibles y tenaces. Jartibles. Son los salipún, ejemplares de la especie humana que determinan nuestra cotidianeidad. Todo el mundo podría ponerle nombres y apellidos a un salipún porque todos conocemos a alguien así, el tipo con el que siempre te tropiezas, en los lugares más insospechados, en las circunstancias más inoportunas. El salipún, se les llama así porque sales y pum, te lo tropiezas. Quieras o no quieras. Evitarlos es imposible. Parece que siempre aguardan detrás de la próxima esquina.

Salipún. El término lo ha inventado un coleccionista de palabras y de emociones, un buen amigo que vive en Granada. Imagino que, en alguno de sus largos paseos de la tarde, de repente se percató de que hay personas con esa cualidad, que aparecen por todas partes. Lo interesante del hallazgo, claro, no es la palabra, sino el concepto porque incluso podríamos establecer un catálogo de variedades de salipún. Piensen, por ejemplo, en su trabajo y seguro que les aparece algún salipún, el tipo inevitable que siempre aparece en la cafetería, que nos volvemos a encontrar en el servicio y más tarde en el garaje. Y por la tarde, te lo cruzas en el supermercado. Y luego en el parque, los domingos. ¿Y en las familias? ¿Quién no tiene en la familia un salipún? Un cuñado, un primo, una tía… Con los amigos puede ocurrir lo mismo, que desde el colegio hemos conocido a alguien con esa cualidad. Sales y pum, ahí está.

En esta catalogación, no pude faltar la política, que es una de las facetas más sobresalientes del salipún. Y no pesemos en presidentes, ministros o consejeros, por mucho que salgan todos los días en los periódicos, en la radio o en la televisión. No, es otra cosa. Por ejemplo, un modelo reciente de salipún de la política es Al Gore. De repente, si se fijan, Al Gore está por todas partes. En todos los congresos, en todas las revistas, en todos los discursos, en todos los periódicos. Te pongas como te pongas, siempre aparece Al Gore.

Tan acentuado es su perfil de salipún, que ya en España se habla de él con absoluta familiaridad, como uno más. El presidente Chaves y Al Gore, por ejemplo, son ya como hermanos. Ni se conocían, y ya Al Gore ha puesto a Chaves como modelo de “liderazgo” por sus políticas medioambientales. Y el otro, agradecido por el piropo, ha explicado que su responsabilidad en la lucha contra el cambio climático es grande porque Andalucía es “la intersección histórica, geográfica y cultural entre Europa, Africa y América”.

Observarán que nada de lo anterior tiene sentido; Chaves hubiera hecho el mismo discurso si las jornadas fueran de la Alianza de Civilizaciones o sobre el desarrollo del Tercer Mundo y Al Gore, por su lado, le volverá a decir mañana, a su próximo patrocinador, que él es un ejemplo para la sociedad. Un buen salipún, de hecho, es así. Inevitable, ineludible y, sobre todo ello, pelota.

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