El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

29 octubre 2007

Salipún


Inevitables y constantes. Imprevisibles. Habilidosos y persistentes. Omnipresentes. Ineludibles y tenaces. Jartibles. Son los salipún, ejemplares de la especie humana que determinan nuestra cotidianeidad. Todo el mundo podría ponerle nombres y apellidos a un salipún porque todos conocemos a alguien así, el tipo con el que siempre te tropiezas, en los lugares más insospechados, en las circunstancias más inoportunas. El salipún, se les llama así porque sales y pum, te lo tropiezas. Quieras o no quieras. Evitarlos es imposible. Parece que siempre aguardan detrás de la próxima esquina.

Salipún. El término lo ha inventado un coleccionista de palabras y de emociones, un buen amigo que vive en Granada. Imagino que, en alguno de sus largos paseos de la tarde, de repente se percató de que hay personas con esa cualidad, que aparecen por todas partes. Lo interesante del hallazgo, claro, no es la palabra, sino el concepto porque incluso podríamos establecer un catálogo de variedades de salipún. Piensen, por ejemplo, en su trabajo y seguro que les aparece algún salipún, el tipo inevitable que siempre aparece en la cafetería, que nos volvemos a encontrar en el servicio y más tarde en el garaje. Y por la tarde, te lo cruzas en el supermercado. Y luego en el parque, los domingos. ¿Y en las familias? ¿Quién no tiene en la familia un salipún? Un cuñado, un primo, una tía… Con los amigos puede ocurrir lo mismo, que desde el colegio hemos conocido a alguien con esa cualidad. Sales y pum, ahí está.

En esta catalogación, no pude faltar la política, que es una de las facetas más sobresalientes del salipún. Y no pesemos en presidentes, ministros o consejeros, por mucho que salgan todos los días en los periódicos, en la radio o en la televisión. No, es otra cosa. Por ejemplo, un modelo reciente de salipún de la política es Al Gore. De repente, si se fijan, Al Gore está por todas partes. En todos los congresos, en todas las revistas, en todos los discursos, en todos los periódicos. Te pongas como te pongas, siempre aparece Al Gore.

Tan acentuado es su perfil de salipún, que ya en España se habla de él con absoluta familiaridad, como uno más. El presidente Chaves y Al Gore, por ejemplo, son ya como hermanos. Ni se conocían, y ya Al Gore ha puesto a Chaves como modelo de “liderazgo” por sus políticas medioambientales. Y el otro, agradecido por el piropo, ha explicado que su responsabilidad en la lucha contra el cambio climático es grande porque Andalucía es “la intersección histórica, geográfica y cultural entre Europa, Africa y América”.

Observarán que nada de lo anterior tiene sentido; Chaves hubiera hecho el mismo discurso si las jornadas fueran de la Alianza de Civilizaciones o sobre el desarrollo del Tercer Mundo y Al Gore, por su lado, le volverá a decir mañana, a su próximo patrocinador, que él es un ejemplo para la sociedad. Un buen salipún, de hecho, es así. Inevitable, ineludible y, sobre todo ello, pelota.

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1 Comments:

At 29 octubre, 2007 20:44, Blogger convidado con el rostro de piedra said...

Caraballo, no sé cómo te las arreglas, pero cada vez que me meto en Internet, sales tú y pum, termino leyendo tu artículo...

 

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