El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

10 mayo 2012

Corrupción de crisis


La corrupción nunca entra en crisis, pero sí existe una corrupción de la crisis. El corrupto es un ser que se amolda a los tiempos porque su carácter, el carácter de un aprovechado, es, sobre todas las cosas, moldeable, adaptable, chaquetero. Y ahora que corren tiempos de canina, la corrupción, los corruptos que van saliendo en los periódicos a diario, también han cambiado de faz. Si faltaba algún factor que redondeara este tiempo de crisis histórico, quizá sea éste del cambio de modelo de la corrupción. Han entrado en crisis los mercados financieros arrastrados por la crisis primigenia de la construcción. Y luego, en cadena, han ido cayendo todos los demás, se ha desmoronado a nuestro alrededor todos aquellos valores estables que conocíamos, desde la taberna de la esquina o la tienda de ropa del barrio hasta las instituciones y los Estados. Todo se ha devaluado, se ha tambalea sin que nadie sepa en qué acabará, y sólo nos quedaba, quizá, comprobar que también la corrupción ha cambiado de grado. La corrupción de ahora es más cutre, más bajuna, y ese detalle miserable redondea la crisis.

Si nos fijamos, los grandes pelotazos ya han dejado de aparecer en las crónicas de actualidad porque de los manantiales de los que se alimentaban, el despilfarro de las instituciones y el desarrollo urbanístico, ya no brota ni un solo céntimo. Los pelotazos de ahora son invisibles a nuestros ojos, se dan en los mercados financieros, y no pertenecen al género de la corrupción tal como la conocemos. La corrupción de la crisis propiamente dicha la conforma esta serie de noticias que están surgiendo ahora. El Ayuntamiento de la provincia de Jaén en el que han desaparecido 347.000 litros de gasóleo destinados a un generador de agua que nunca llegó a utilizarlos, el concejal que se ha largado de crucero por el Caribe y, desde hace cinco meses, sólo envía al ayuntamiento facturas de su teléfono móvil, el Consorcio de Bomberos de Córdoba que compró por más de 50.000 euros 2.300 litros de espuma contra incendios de los que solo se recibieron 480 litros y de mala calidad, el alto magistrado que se ha pegado la vida padre en Marbella a costa de la institución, los políticos que se niegan a dimitir de una caja de ahorro porque “no les da la gana”… Esa corrupción de baja estofa, de caraduras y sinvergüenzas, es la propia de la crisis; es la que se corresponde con estos tiempos.

En el origen de todo, alguna vez se ha citado aquí aquel caso de corrupción de los albores de la democracia en los que cuatro tipos se repartían el botín de una comisión ilegal en el Campo de Gibraltar. En el coche de vuelta, abrieron el maletín y allí se les grabó la conversación que mantenían: “Hemos trincado dos millones, ¿entre cuatro a cuánto cabemos?”. La corrupción política ha vuelto a esos tiempos de bajuna y cutrerío. Pensándolo bien, ya con el escándalo de los ERE se debió apuntar el cambio de tendencia hacia esta corrupción de bajo nivel, los amigos que se apuntan a las prejubilaciones de empresas en las que nunca trabajaron, las juergas de putas y cocaína con el dinero de los parados, las subvenciones a los familiares, a los amigos, a los fieles. Antes se pegaban pelotazos inmobiliarios, ahora roban gasolina de los almacenes municipales y se falsea una paga para la suegra del alto cargo. Dos millones, entre cuatro, ¿a cuánto cabemos?

Etiquetas: ,