Los amos

Les dicen los ‘reyes del ladrillo’, así en plan despectivo, como si no fueran más que unos especuladores, pero son tipos que van más allá, gente que ha nacido con un guión de cine en la cabeza. Sus vidas son de película, nos emboban, nos deleitan, nos entretienen. Lo de la Nochevieja de Colonial, por ejemplo. Qué jugada maestra. Parece diseñada por un guionista de Hollywood, en plan atraco perfecto, pero sin atraco. La cuestión es el vértigo que da pensar que mientras toda España andaba pendiente de las caderas de Igartiburu, unos tipos hacían transacciones de decenas de millones de euros. Todos cantábamos como bobos a Mecano, «entre gritos y pitos/, los españolitos/, enormes, bajitos,/ hacemos por una vez/ algo a la vez»... ,¿Todos haciendo lo mismo? Jo, ni siquiera ese día los españolitos hacemos lo mismo. Ellos andaban a lo suyo, con los mercados cerrados y el personal yendo a por uvas, que nunca el refrán tuvo mayor acierto colectivo.
¿No siente ese vértigo? Sí, la inquietud de descubrir, de repente, que estamos al margen de todo cuanto ocurre y de cuanto va a ocurrir; el regusto amargo de saber que no pasamos de panolis en esta vida; la frustración de contemplar que hay momentos cargados de emotividad, como en la Nochevieja, que pensamos que somos los únicos protagonistas, y resulta que sólo somos extras y que la película es otra muy distinta. Lo nuestro son las cenas familiares, las fiestas con los amigos, las excursiones al Caribe con la factura a plazos, pero la película es ésta otra, la de Colonial. A golpe de teléfono, lo mismo se transfieren grandes fortunas, que se logra que dos gobiernos socialistas, el de Zapatero y el de Chaves, se pongan a tu disposición. Hasta le abrieron sus cajas de ahorro en la Nochebuena. Por si colaba.
Luis Portillo. Así se llama. Sus biografías dicen que salió de la nada. Una de las grandes fortunas del país es, además, uno de los grandes desconocidos. Muy pocos saben cómo este sevillano ha podido amasar una fortuna tan enorme en tan pocos años. Sólo ofrecen datos sueltos, que si sus buenas relaciones con el socialismo andaluz a través del influyente alcalde de Dos Hermanas, su paisano; que si sus espléndidas conexiones con El Monte, en la etapa de Beneroso como reputado militante... Poco más se sabe del origen. Bueno, sí, que «la Expo fue su trampolín».
Luis Portillo, por su lado, sólo nos ha dejado una frase lapidaria sobre la clave de su éxito: «Ver, luchar y dar el salto». En esta aventura colonial, desde luego, suena a Julio César. «Llegué, ví, y vendí». Sólo falta que repliquemos a coro, ‘Ave, rey del ladrillo, los que se pagan hipotecas, te saludan’.
Nochevieja de 2007. Mientras nosotros, todos, estampábamos en cada beso la ilusión de un año nuevo, ellos tenían al Gobierno al otro lado del teléfono y ya sabían con qué noticia nos íbamos a desayunar en 2008. Les dicen los ‘reyes del pelotazo’, pero lo de estas fiestas los acredita como gente de cine. Son los ganadores. O mejor, en lenguaje de película americana, son los amos. Los putos amos de España.


