El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

04 enero 2008

Los amos



Les dicen los ‘reyes del ladrillo’, así en plan despectivo, como si no fueran más que unos especuladores, pero son tipos que van más allá, gente que ha nacido con un guión de cine en la cabeza. Sus vidas son de película, nos emboban, nos deleitan, nos entretienen. Lo de la Nochevieja de Colonial, por ejemplo. Qué jugada maestra. Parece diseñada por un guionista de Hollywood, en plan atraco perfecto, pero sin atraco. La cuestión es el vértigo que da pensar que mientras toda España andaba pendiente de las caderas de Igartiburu, unos tipos hacían transacciones de decenas de millones de euros. Todos cantábamos como bobos a Mecano, «entre gritos y pitos/, los españolitos/, enormes, bajitos,/ hacemos por una vez/ algo a la vez»... ,¿Todos haciendo lo mismo? Jo, ni siquiera ese día los españolitos hacemos lo mismo. Ellos andaban a lo suyo, con los mercados cerrados y el personal yendo a por uvas, que nunca el refrán tuvo mayor acierto colectivo.

¿No siente ese vértigo? Sí, la inquietud de descubrir, de repente, que estamos al margen de todo cuanto ocurre y de cuanto va a ocurrir; el regusto amargo de saber que no pasamos de panolis en esta vida; la frustración de contemplar que hay momentos cargados de emotividad, como en la Nochevieja, que pensamos que somos los únicos protagonistas, y resulta que sólo somos extras y que la película es otra muy distinta. Lo nuestro son las cenas familiares, las fiestas con los amigos, las excursiones al Caribe con la factura a plazos, pero la película es ésta otra, la de Colonial. A golpe de teléfono, lo mismo se transfieren grandes fortunas, que se logra que dos gobiernos socialistas, el de Zapatero y el de Chaves, se pongan a tu disposición. Hasta le abrieron sus cajas de ahorro en la Nochebuena. Por si colaba.

Luis Portillo. Así se llama. Sus biografías dicen que salió de la nada. Una de las grandes fortunas del país es, además, uno de los grandes desconocidos. Muy pocos saben cómo este sevillano ha podido amasar una fortuna tan enorme en tan pocos años. Sólo ofrecen datos sueltos, que si sus buenas relaciones con el socialismo andaluz a través del influyente alcalde de Dos Hermanas, su paisano; que si sus espléndidas conexiones con El Monte, en la etapa de Beneroso como reputado militante... Poco más se sabe del origen. Bueno, sí, que «la Expo fue su trampolín».

Luis Portillo, por su lado, sólo nos ha dejado una frase lapidaria sobre la clave de su éxito: «Ver, luchar y dar el salto». En esta aventura colonial, desde luego, suena a Julio César. «Llegué, ví, y vendí». Sólo falta que repliquemos a coro, ‘Ave, rey del ladrillo, los que se pagan hipotecas, te saludan’.

Nochevieja de 2007. Mientras nosotros, todos, estampábamos en cada beso la ilusión de un año nuevo, ellos tenían al Gobierno al otro lado del teléfono y ya sabían con qué noticia nos íbamos a desayunar en 2008. Les dicen los ‘reyes del pelotazo’, pero lo de estas fiestas los acredita como gente de cine. Son los ganadores. O mejor, en lenguaje de película americana, son los amos. Los putos amos de España.

Etiquetas: , ,

19 septiembre 2007

Viviendas


Existe un tiempo distinto para las cosas de la autonomía andaluza, un tiempo detenido. Podría imaginarse esta región flotando en una burbuja, con destellos de colores, pequeños arco iris que sirven de distracción a los diminutos ciudadanos que recorren la esfera sin saber que los destellos no les pertenecen, como les han dicho, que son reflejo de una luz ajena.

‘Andalucía al máximo’, y con eso vamos tirando. No hay más que ese envoltorio, el lema oficial de la propaganda es lo único que cambia. Por eso, el ejercicio más exasperante al que nos somete el poder autonómico es la repetición continua, la reiteración infinita de las promesas, de los debates, de los argumentos. Repasar la hemeroteca, revisar los periódicos amarillentos, ha sido siempre un pasaporte a la nostalgia, pero en estas cosas de la política autonómica, este marasmo de cosas repetidas lo que produce es una profunda desolación.

Reparen, por ejemplo, en esta noticia, que se extracta literal: «Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, se ha sumado a la lista de aquellos que critican el incremento en los precios de la vivienda en los últimos años en España (un 108% desde 1996 y un 99% en el caso andaluz) y el hecho de que las familias tengan que destinar el 51% (el 41% si hablamos de Andalucía) de su salario a la compra de una casa. Por ello, Chaves se ha convertido en el primer dirigente en anunciar que, para la próxima legislatura, promulgará una Ley de Vivienda de Andalucía, para potenciar la vivienda protegida».

Palabra a palabra, cualquier periódico podría reproducir esta noticia sin reparar que es de enero de 2004, antes de las últimas elecciones. Ésa es la cuestión, ése es el repelús, que cuatro años después el presidente Chaves ande repitiendo exactamente lo mismo, pavoneándose por ser el centro del debate nacional. Como ayer, con un artículo en El País: «La nueva ley que hemos planteado se desenvolverá en un contexto muy concreto, nuestra intención es que en los próximos diez años se construyan en Andalucía 700.000 viviendas, de las cuales 300.000 serán de protección oficial».

Lo peor, además, es que, aunque no sabemos qué va a ocurrir en los próximos diez años, sí conocemos qué ha pasado en la última década. La propia Junta, el Centro de Estudios Andaluces, publicó un informe en julio pasado en el que aseguraba que «el número de viviendas protegidas en Andalucía ha caído un 50 por cien en la última década (9.000 en todo 2006), mientras que las viviendas de renta libre se multiplicaron por cuatro (120.000 en el mismo año)».

Ya ven, ningún empacho en repetir las mismas promesas año tras año; ningún rubor en que la realidad sea justo la contraria. Todo lo resuelve Chaves con el desahogo y la cursilada de un artículo de prensa: «¿En tu casa o en la mía?». No, presidente, mejor quedamos en la sede del PSOE de Sevilla, que allí, después de la recalificación, cabremos todos.
Ilustración: Canalsu

Etiquetas: , , ,