Broncas

Incluso después de reconocer que una vez se fumó un porro de marihuana, el líder de los tories británicos, David Cameron, avanza decidido en las encuestas del Reino Unido. Carrera meteórica. En un par de años, ha ascendido al liderazgo de los conservadores, ha cambiado la tendencia negativa de voto de los tories durante un decenio y puede terminar sucediendo a Blair. Anda por los cuarenta años y sólo lleva de diputado desde 2001. Gracias a su discurso moderado, le han bastado cinco años para ascender de la base a la cima del partido que tuvo de líderes a Churchill y a Thatcher.
Para la política doméstica, la evolución de Cameron, un liberal que combate a los neoconservadores, es interesante porque permite establecer algunos paralelismos con la derecha española. Es ese ‘viaje al centro’ que ridiculizó en su día Alfonso Guerra (“de dónde vendrían, que nunca llegan”) y que, paradójicamente, ha vuelto a plantearse en esta legislatura con más fuerza que nunca. Y el mismo Aznar que refundó y centró a la derecha española, es el que aparece ahora tirando de las riendas del PP hacia la derecha.
Como en tantas ocasiones, no se trata tanto de grandes diferencias políticas, aunque existen, sino de formas de hacer política. Quienes defienden una política implacable, más ruda y agresiva, recelan de quienes propugnan posiciones más centristas, más abiertas y amables. Lo curioso es que, aunque el líder del PP, Mariano Rajoy, se inclina por esta política más centrada, parece que lo que exigen los electores más fieles de este partido des una mayor agresividad contra el PSOE. Ni un minuto de descanso, confrontación total. El Estatuto andaluz ha sido el último ejemplo.
Ahora que nos embarcamos en un largo periodo electoral, la radicalización crecerá como una tentación junto a los discursos. Y sólo si los dirigentes de ese partido tienen claro que la bronca es la vía equivocada, el PP dejará de empatar en todas las encuestas españolas, lo que querrá decir que en Andalucía volverá a acariciar el sueño del empate.
Hace unos días, Nicolás Redondo Terreros decía en la radio que en la sociedad española existe un sentimiento muy distinto cuando se enfrenta a la política. Y mientras el PSOE es un partido querido, el PP es visto como un partido necesario. Tiene razón; esa visión está adherida al tejido sociológico español y no parece que se vaya a borrar en muchos años. Quien más claro lo ha tenido siempre ha sido el PSOE, encantado con la política de la confrontación y de bronca permanente del PP.
La bronca es la tentación, el alivio, el trapo rojo que siempre le tiende el PSOE. La bronca los dejará descansados y henchidos, pero no es inteligente. Porque sin pretenderlo, con la bronca, el PP está apelando al subconsciente colectivo, no a la actualidad política.
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