El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

26 febrero 2007

Currantes




Por primera vez en muchos años, UGT y Comisiones Obreras van a celebrar el Primero de Mayo por separado. La noticia, dado que el Día del Trabajo dejó atrás hace mucho tiempo su esencia reivindicativa, tiene interés por las razones que se esgrimen. ¿Disputas sobre la política económica del Gobierno? ¿Tensiones internas por el desastre autonómico del PSOE? ¿Diferencias por el ‘No a la Guerra’… de Afganistán?

Nada de eso. La razón oficial es que no se ponen de acuerdo en la ciudad en la que debe celebrarse la manifestación. UGT defiende que siga siendo en Madrid, mientras que CCOO pide que se organice en Sevilla para hacerlo coincidir con no sé qué congreso europeo de sindicalistas. Y como en Andalucía había ya pocas capitales y referencias internacionales (desde la California europea de Borbolla hemos llegado a la Finlandia de Chaves, con paradas intermedias en ‘Málaga, capital del sur de Europa’, ‘Sevilla, la nueva Porto Alegre’, y ‘Córdoba, capital de la alianza de las civilizaciones’), ahora viene Fidalgo y dice que quiere convertir a Sevilla en la “capital del sindicalismo europeo”.

Dirán lo que quieran, pero toda esta parafernalia sindical deja bien a las claras la realidad de las organizaciones sindicales en España, sus intereses y sus dependencias. Si a menudo se habla de la distancia que existe entre la clase política y el electorado, qué decir de la distancia que separa a los sindicatos de la realidad laboral. Y porque la sociedad que vivimos necesita, más que nunca, movimientos sindicales que defiendan a los trabajadores, es necesario señalar y denunciar el parasitismo ideológico e institucional al que han llegado.

¿Sindicatos más radicales, entonces? Nada de eso, claro. Bastaría con sindicatos independientes, autosuficientes y comprometidos. Ni correa de transmisión de un partido ni apéndice de ningún gobierno por los acuerdos de financiación anuales. Que no es verdad, en fin, que Comisiones Obreras quiera celebrar el Primero de Mayo en Sevilla para convertir a Andalucía en capital del sindicalismo europeo. La verdad es que este año los trabajadores despedidos de Sintel quieren volver a ser protagonistas de la manifestación sindical, porque siguen pensando que los han engañado. El líder de Comisiones Obreras, al que un salvaje agredió en 2003, quiere alejarse de ese avispero, pero Cándido Méndez no puede: las elecciones autonómicas y municipales están cerca y el PSOE madrileño quiere convertir el Primero de Mayo en una protesta contra Esperanza Aguirre y Gallardón.

En esas, ya ven, Comisiones Obreras se trae su manifa a Sevilla. ¿Murcia, por el agua? ¿Teruel, por el reparto equilibrado y justo de las inversiones? ¿Galicia, contra los vertidos? ¿Algeciras contra la inmigración? ¿Puerto Real? Mira que había razones para celebrar el Primero de Mayo fuera de Madrid, pero se ha elegido la única que sólo les interesa a ellos, a esa estructura endogámica, dependiente y burocratizada.

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