El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

03 junio 2010

Maricón



Un revuelo de sapos, rayos y truenos se ha formado en Granada por culpa de unos ripios satíricos, lo que allí se conoce como carocas, que son viñetas humorísticas que se exhiben en las calles con motivo de la feria del Corpus para divertimento del personal. Una vez al año, cuando llega el Corpus, que en Granada es fiesta grande, las caricaturas, los chistes y la malafollá adoptan la forma de carocas para acompañar en la procesión guasona a laTarasca. Y lo mismo que los gigantes y cabezudos pasean por las calles su espectáculo antiguo de surrealismo y absurdo, de mofa y miedo infantil, las carocas parodian la realidad con dibujos y letrillas burlonas. Por ejemplo, se va Manuel Chaves a Madrid y en las carocas de Granada aparecen unos dolientes despidiéndolo en el coche oficial; en una mano un pañuelo para las lágrimas y en la otra mano, escondida tras la espalda, unas botellas de champán y unos confetis. Y dice la caroca: «Ya se nos fue don Manuel, llorando está Andalucía / desde Baeza a Jerez, / pero de pena no es / ¡que lloran por alegría!»

La que ha formado el revuelo este año se mofaba de una campaña publicitaria organizada por la Diputación provincial para fomentar el turismo homosexual. Y decía la quintilla humorística: «El turismo homosexual promueve Diputación/ dicen que mueve un pastón./ Contento está mi Pascual,/ que es un poco maricón». A buena hora se le ocurrió al autor de la caroca rimar diputación con pastón y con maricón. Dicen las crónicas que tras varios días de protestas y querellas, el concejal de Cultura de Granada pidió disculpas públicas al colectivo gay y corrigió la caroca: «Se borrado la palabra maricón y se ha sustituido por unos puntos suspensivos». ¡Unos puntos suspensivos! ¿Y por qué? «Mi Pascual que es un poco...» ¿Un poco qué?

Hasta los puntos suspensivos, la controversia era una más de las muchas que pretenden imponer el lenguaje políticamente correcto en todos los aspectos de la vida; en las instituciones, en la prensa, en las fiestas y en la familia. No es cuestión ahora de analizar si, como dice Colegas, «la palabra maricón es, con diferencia, el insulto más utilizado (…) que confunde en el imaginario de la gente ser homosexual con otras características claramente negativas, como cobarde, débil y afeminado». La broma, la sátira, la burla forma parte de la condición humana y, por mucho que nos empeñemos, siempre habrá colectivos, personas, actitudes que se conviertan en objeto de risa. ¿Deben soportar los leperos que se les ponga por brutos? ¿Y las suegras, por qué tienen que aguantar los chistes más crueles? Los gitanos, los gordos, los narigudos, los cabezones, los gangosos, los maricones y las putas. ¿Hay que prohibir todos esos chistes? ¿Puede impedirse que la gente cante en las fiestas «un bote, dos botes, maricón el que no bote», como se intentó el año pasado en las Fallas de Valencia, con cartelería, vallas y chapas repartidas por doquier?

Las carocas deben ser al Corpus de Granada lo que las chirigotas al Carnaval de Cádiz, desahogo del personal; humor de trazo grueso, grosero, pero también ingenioso y divertido. A este paso, nos quedamos en los puntos suspensivos, un abismo de impotencia, de vacío, de nada. Cuando ya no tenemos nada más que decir, o no sabemos qué decir, puntos suspensivos. Para no mojarnos en nada, puntos suspensivos. A eso quiere llevarnos el lenguaje políticamente correcto, a no decir nada.

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1 Comments:

At 03 junio, 2010 14:11, OpenID coquik said...

El lenguaje políticamente correcto es signo de hipocresía. El quid no es que se pretenda sustituir un chiste por el mismo vestido hipócritamente con puntos suspensivos.
Algún día la gente se divertirá, no ya hipócritamente como algunos quieren, sin tener que menospreciar a nadie por su condición sexual, o falta física o mental. Tal como hoy no es diversión la quema de nadie en un auto de fe, o que animales carnívoros devoren a personas por razón de creencias religiosas. Todo se andará.

 

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