El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

04 julio 2011

El rock de la cárcel



¿No lo oyes? Sí, pega bien los oídos al aire de la calle, a las paredes de los edificios, a las esquinas de todas las ciudades, porque esa música está sonando a todas horas. ¿Todavía no? Sí, hombre, es Elvis, es el rock de la cárcel, es la canción que se oye a todas horas, es la música que acompaña esto que nos ocurre en España, este desfile incesante de gente que sale esposada de sus casas, de sus oficinas, camino de la cárcel o del juzgado. El concejal sorprendido en una trama de recalificaciones, el empresario al que pillaron en las mentiras de una subvención amañada, que se embolsaba, el técnico que organizó un mercado negro de venta de aves protegidas, el guardia civil que participaba en el negocio del narcotráfico, el empleado que se dejó corromper en la tramitación de unas ayudas, el político que prevaricó para colocar a sus familiares, el policía que se involucró en la estafa de los permisos para inmigrantes, el famoso que descendió a los infiernos de los favores del poder… Escucha la canción, que está sonando a todas horas. “Everybody in the whole cell block/ was dancin' to the Jailhouse Rock”.

Y parece que nos hemos acostumbrado a esa normalidad, sin atender que cuando un país, cuando un sistema, se habitúa a ese desfile semanal está señalando un mal interno, un mal social, que va minando sus posibilidades de desarrollo porque, a medida que la corrupción se extiende, se va trivializa: lo que es común, comienza a considerarse como algo normal. Y aparece así la corrupción consentida, la corrupción asumida, la corrupción como modus operandi. Nadie está a salvo y nada causa sorpresa, incluso cuando la detención se produce con el vértigo de la del otro día: el presidente de la sociedad de autores que fue detenido el mismo día de su reelección en el cargo, aclamado por los artistas; en un boletín horario de la radio se ofreció su aplastante victoria en las urnas y en el siguiente boletín de noticias se daba cuenta de su detención acusado de varios delitos. Iba camino de la Audiencia y se escuchaba la canción, desde los balcones. “Everybody in the whole cell block/ was dancin' to the Jailhouse Rock”.

“En España, la cárcel se abastece de ladrones”, avisa un experto en lucha contra la corrupción. La desproporción de los delitos que llena las cárceles es tan llamativa que, en el último recuento oficial, los delitos contra el patrimonio y contra el orden económico desbordan a todos los demás. Casi 23.000 personas (de una población reclusa de 76.000) están en la cárcel por esos delitos, que superan incluso a los del tráfico de droga, los delitos contra la salud pública (16.000), y los castigos por homicidios, lesiones y contra la libertad sexual que, sumados, no llegan ni a la mitad de los delitos que tienen un móvil económico. En ese panorama, parece hasta lógico que España siga apareciendo en el ranking oficial de la corrupción mundial como uno de los países más afectados, por encima de Italia, eso sí, pero en el puesto treinta del informe de Transparencia Internacional, más corrupto que países como Uruguay, Chile o Emiratos Árabes Unidos.

“La corrupción de una sociedad es directamente proporcional a la riqueza y al desarrollo democrático de un país”, añade mi consultor de guardia. Y yo pienso en la canción, en el rock de Elvis, y me imagino la ciudad entera moviendo las caderas, en los balcones, en los soportales, en las aceras. Con la normalidad que da esta generalización, con la inconsciencia que brinda esta normalidad. . “Everybody in the whole cell block/ was dancin' to the Jailhouse Rock”.

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