El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

31 mayo 2011

La cuarta versión (y II)




Si sólo fuera una derrota electoral, si la debacle del PSOE no hubiera estado precedida de la caída progresiva de sus iguales en la mayor parte de Europa, el vértigo no sería como éste de ahora, este miedo escénico a quedarse en blanco en medio de la función, sin papel, sin memoria, sin nada que decir; y el público que abarrota el teatro, primero se sorprende y luego se va marchando, uno a uno, formando hileras por los pasillos, como si la popularidad se fuera desangrando.

Si sólo fuera una derrota electoral, en Alemania, en las últimas victorias de Angela Merkel, los periodistas no hubieran escrito artículos que hoy podrían reproducirse en España cambiando sólo algunos apellidos: «Ruina sin precedentes de la socialdemocracia. Las bases del SPD se erosionan, la socialdemocracia en su actual forma debe preguntarse si ha pasado su era». Lo escribió Marc Koch en septiembre de 2009. El artículo se llamaba ‘El principio del fin’. O este otro, sobre los laboristas británicos, del politólogo Jeremy O’Brien: «La crisis hunde al nuevo laborismo. Los problemas del Gobierno son muchos, pero el mayor de todos es la indefinición. El laborismo solía representar a las clases trabajadoras, cambió de sintonía para defender los intereses de las clases medias, y ahora mismo sólo tiene amigos entre los pobres que dependen del Estado y ejecutivos de la City, que de todas maneras saben que con los tories les irá todavía mejor. La tercera vía, con el abandono de la ideología para abrazar el pragmatismo, tiene un precio y hay que pagarlo». Y uno más, del socialismo francés: «Se suceden los fracasos electorales, caen los efectivos militantes, se desmoronan las relaciones con los sindicatos... Hace siete años, trece gobiernos de la UE estaban gobernados por socialistas. Todas las elecciones nacionales son diferentes, pero sería absurdo negar la existencia de una tendencia general (…) En última instancia, la crisis de la socialdemocracia es la consecuencia lógica de su incapacidad de poner al día una respuesta europea para afrontar los desafíos de la mundialización», escribió en Liberation Henri Weber, secretario nacional del Partido Socialista francés.

No, si sólo fuera una derrota electoral, no existiría esta coincidencia múltiple, no en las derrotas de los distintos partidos socialistas en Europa, sino la coincidencia fatal de los análisis: Pierde el Partido Socialista porque ha dejado de aportar soluciones a los problemas reales de la sociedad, porque no ha sabido adaptarse a esta nueva sociedad en la que ya no impera el esquema clásico de izquierda basado en la clase trabajadora. Aquí, en España, y sobre todo en Andalucía, la supervivencia socialista ha tenido como eje motor un mensaje de alerta que ha funcionado en la Transición, gracias a los rescoldos de memoria del franquismo: «¡Que viene el lobo, que viene la derecha!». Ese es el esquema que, definitivamente, se ha roto en las elecciones del 22-M. Asumirlo supone un replanteamiento general; supone la refundación de las ideas. Estoy convencido de que en el PSOE también son conscientes de ello, que conocen el calado de la crisis interna. Por eso, estas soluciones de ahora, que son nada, que no conducen a ninguna parte. Es tanto el vértigo a reconocer la verdad que, para salir del paso, se ha ordenado el único esquema interno que todavía funciona: cierre de filas y a seguir hacia adelante como si nada hubiera pasado. La cuarta versión del socialismo ni ha nacido ni nacerá con estos dirigentes.

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