El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

16 enero 2011

Funcionario en el espejo



Qué susto me llevé cuando me miré al espejo y me vi la cara. Había levantado la barbilla para afeitarme y en esa posición ante el espejo, en la que uno se mira a sí mismo de reojo, fue cuando me vi y me asusté. ‘¡Joder, pero si me he convertido en un fascista!’, me dije en voz alta. Y de la impresión que me causaron mis palabras, yo mismo enmudecí, decidí callarme, o mandar callarme, para intentar tomar de nuevo el control de la situación.

No fue fácil. Tenía la barba cubierta de espuma de afeitar y el mentón en alto, inmóvil. Mi cara estaba enmarcada exactamente en el centro del espejo, en el pequeño círculo del que había retirado el vaho con la mano para poderme ver. Y así, en esa posición, rodeada de vaho, mi cara me pareció una imagen de otro mundo; una cara envuelta en sudarios de nube, en una aureola fantasmagórica e inquietante. En todo caso, una cara desconocida porque yo ya no era yo, ahora era ese tipo del espejo, un funcionario fascista. Fue tal la impresión que hasta la cuchilla se detuvo en la garganta, a la altura de la nuez. Como si me diera a mí mismo una última oportunidad, una salida digna: ‘Amigo, piensa bien qué quieres hacer con tu vida: Puedes seguir adelante con tu degeneración de funcionario o puedes acabar con tu vida de una vez. Así le ahorras a tu familia el disgusto de verte convertido en un fascista’. Qué complicación…

Yo me veía ya como Gregorio Samsa en la Metamorfosis; podía quedarme para siempre encerrado en el cuarto de baño y que mi madre me alimentara con lonchas por debajo de la puerta. Qué otra cosa es un funcionario fascista sino un insecto repugnante, un bicho al que todos repudian, al que todo el mundo odia. Sí, eso, así me veía, como un insecto fascista.

Qué pena de mí. A mis treinta años, con las oposiciones aprobadas en la Junta de Andalucía, lo que nunca hubiera imaginado es este final desastroso, convertirme en un fascista. Ahora que miro hacia atrás me doy cuenta con mucha claridad de lo que me ha pasado, lo que me ha llevado a esta transformación deleznable. Sólo a un funcionario lo puede cambiar un decreto, porque eso, ya me dirán, no le pasa al común de los mortales. Sólo nosotros, que andamos todos los días entre fichas y legajos, podíamos caer por esta pendiente irresponsable que nos arrastra hasta la protesta contra la autoridad. ‘Defiende tus derechos, defiende la Función Pública’, decían los sindicatos y aquella proclama nos transformó a todos.

Ahora imagino a mis compañeros como yo esta mañana, en su casa, con la radio puesta, y una voz presidencial que alerta a la población de lo que está ocurriendo, esta plaga que nos ha transformado a todos en fascistas. Y se extiende como una mancha de aceite por Andalucía; es una invasión, sí, una invasión de la peor calaña, fascistas todos. Estarán como yo, sin saber qué hacer, un extraño en mí. Hasta me parece que me ha crecido un bigotito fascista y el pelo se me ha engominado. Soy un fascista completo. Así me llaman en el Gobierno. Dentro de una semana, saldremos todos a la calle, todos los funcionarios fascistas en manifestación, como zombis de otras época caminaremos por las calles, y la gente nos mirará asustada y se acordará de las advertencias del gobierno. Ahí vienen los fascistas. Qué miedo me doy.

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1 Comments:

At 19 enero, 2011 22:08, Blogger José Antonio said...

Además, somos antisistema. O al menos, eso parecen pensar en Granada según escribo en mi blog. Ten enlazo.
Saludos

 

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