El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

26 enero 2010

Orgullo y miseria



Pocas veces he podido sentirme más orgulloso del periódico en el que trabajo que el viernes pasado. En una página impar de EL MUNDO, a cinco columnas, con la consideración de las cosas que nos importan, que le damos valor, se publicaba un artículo de defensa de los dos periodistas de la Cadena Ser que han sido condenados. Lo escribía, además, Enrique Gimbernat, que es un prestigioso catedrático de Derecho Penal y miembro del consejo editorial de EL MUNDO. De ahí, por tanto, el doble valor ético y moral de la publicación de ese artículo: el periódico defiende en sus páginas a periodistas de la competencia y lo hace, además, uno de los mejores expertos que tenemos en España, editorialista antiguo de estas páginas.

Sí, pocas veces me he sentido más identificado con la libertad que se respira aquí porque resulta, además, que ese mismo editorialista de EL MUNDO jamás dedicó ni una sola línea a defender a la libertad de expresión en el proceso que Manuel Chaves ha seguido contra este periódico. Sin duda alguna con buen criterio, porque en el caso de la querella contra EL MUNDO contamos con dos sentencias absolutorias que no amenazan la libertad de expresión; hemos tenido la suerte de contar con dos tribunales que han sabido defender ese derecho frente al acoso político, mientras que en el caso de la Cadena Ser ha ocurrido lo contrario. Pero no es un detalle baladí en estos tiempos de banderías y trincheras que en un periódico se defienda antes la libertad del adversario que la de uno mismo.

Por eso el orgullo. Porque yo mismo defendí, en su día, a los periodistas de El País que publicaron el espionaje en la comunidad de Madrid. En cuanto la presidenta de la comunidad de Madrid se defendió hablando de ‘montaje’, estaba claro que algo podrido se intentaba ocultar. El poder siempre actúa de la misma forma y responde con las mismas expresiones. Y si en El País jamás se ha publicado ni una línea en defensa de los periodistas de EL MUNDO, sino todo lo contrario, responder con el silencio o la revancha hubiera supuesto enfangarse en la irracionalidad, en la bilis. Ahora ocurre igual. La sentencia que condena a dos periodistas de la Cadena Ser es una barbaridad y un absurdo. Con un ejercicio alambicado que retuerce el derecho para buscar la condena, acaba afirmando que los dos periodistas no pueden acogerse al derecho a la libertad de expresión porque la noticia se publicó también en internet. Dice la sentencia: «La protección constitucional al derecho a la información se refiere a los medios de comunicación social (televisión radio o prensa escrita), pero debe matizarse, que Internet, no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal». Parece olvidar el juez que el artículo 20 de la Constitución lo que dice, abiertamente, es que ese derecho se refiere a la libre difusión de «los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción». ¿Qué medio de reproducción es en esta era más importante que internet?

Yo espero que la Justicia se imponga y anule la condena de los periodistas de la Ser. Y entre tanto, dejo aquí escrito mi apoyo y mi solidaridad. Y créanme si les digo que llevo varios días buscando una oportunidad para escribirlo. Pero fue ayer cuando, al fin, se me brindó la ocasión. En un periódico de Sevilla publicaron, de nuevo, un artículo contra la sentencia absolutoria de EL MUNDO. Otra vez con mentiras, otra vez con odio ciego y servil. Qué pena del miserable que tiene que vivir sembrando rencor en la finca del amo. Pero, en fin, ésta era la oportunidad: Que nadie se confunda, ni el periodismo es esa podredumbre ni ese sectarismo nos lleva a ninguna parte. Por mucho que lo repitan, no todos somos iguales.

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