El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

06 abril 2009

Fianzas (otra vez)


La funcionaria del juzgado se ha quedado mirándome un instante y, sin decir nada, ha vuelto la vista al papel, una citación judicial en la que se me comunica que, de nuevo, el presidente de la Junta, Manuel Chaves, nos exige una fianza de 710.00 euros para reemprender la batalla judicial contra este periódico por haber denunciado el espionaje de los socialistas andaluces a los presidentes de la cajas sevillanas. Han pasado ya ocho años de aquella noticia y Chaves mantiene el cerco de soberbia, se vuelca con toda la fuerza institucional de la que es capaz en la asfixia. Han pasado ocho años, Chaves ha perdido ya un juicio, pero ahí sigue el coloso, como un Polifemo ciego, encolerizado, atizando garrotazos en su caverna.

Un abogado atraviesa en ese momento la oficina del juzgado y, al verme allí delante, dice sonriente, «¿qué, otra vez Chaves?» Cuando le contesto que sí, cambia la cara, como si hubiera metido la pata con una broma inoportuna. «¿Pero el asunto no quedó sobreseído? ¿No os dieron la razón? ¿Otra vez ha vuelto a reactivar la querella contra vosotros? No puede ser…» Al ver su cara, sonrojado, he recordado eso que tanto se comenta de la ‘pena de banquillo’ cuando se trata de procedimientos políticos como éste. Ya saben, ‘pena de banquillo’ porque quien denuncia sabe perfectamente que su querella no tiene ninguna posibilidad de prosperar pero se conforma con hacer pasar el calvario de las citaciones judiciales, las declaraciones ante el juez, las fotografías en el banquillo de los acusados, la tensión de la vista oral… Pena de banquillo porque sabe el cargo público que, mientras él no tiene que poner un solo euro de su bolsillo, los querellados, aunque al final ganen el juicio, tendrán que prepararse para una travesía de varios años y grandes sumas de dinero. Un proceso judicial es largo y muy costoso, y siempre cabe la esperanza de que la asfixia económica lleve al otro a rendirse, a confesar lo que no hizo, a declararse culpable para acabar con todo. Ocho años de abogados, procuradores y fianzas…

Pena de banquillo, al fin, porque nadie puede competir con el PSOE en una campaña de propaganda en Andalucía, y saben que, al final, serán más los que hayan oído las acusaciones de Chaves contra EL MUNDO que los que conozcan la sentencia absolutoria que le da la razón al periódico. En una sociedad como la andaluza, en la que el gobierno ejerce un control, directo o indirecto, sobre la inmensa mayoría de los medios de comunicación, siempre quedará la nebulosa de la culpabilidad. «Algo habrán hecho», dirán, y todo lo demás, la sentencia, adquiere el interés de la letra pequeña: que la información estaba contrastada, que era veraz y existe al menos un episodio de aquel espionaje que quedó acreditado en el juicio, y que la noticia era de interés público y la obligación profesional de EL MUNDO era publicarla.

La funcionaria del juzgado ha descolgado el teléfono. Es una chica joven y, por lo que se puede oír, consulta a un superior porque piensa que puede haber un error en la cifra. «¿710.000 euros?» Asiente con la cabeza con el auricular del teléfono en la oreja y vuelve a mirarme. «Bueno, esto es un exhorto para comunicarle que en el plazo de una audiencia (un día) tiene usted que depositar una fianza por la cantidad de dinero que pone aquí. ¿Quiere manifestar algo? ¿Nada? Firme aquí».

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2 Comments:

At 07 abril, 2009 20:23, Blogger Iñigo said...

Parece que Chavez se va de la junta, a saber cuantos megatones tiene el artefacto nuclear del que escapa.

 
At 08 abril, 2009 09:34, Blogger Luis Rull Muñoz said...

Ruindad. No hay otra palabra para describir lo que ha pasado.

El ex-presidente de la Junta y todos aquellos que no se hacen eco de la noticia, periodistas que no saben defender la libertad de expresión cuando se ve realmente amenazada.

Un fuerte abrazo, Javier

 

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