El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

09 marzo 2011

Modus operandi



Qué tonto soy; ha tenido que venir un amigo empresario a explicarme la verdadera naturaleza del fraude en el que se ha empantanado la Junta de Andalucía. «Vamos a ver, cuando en un país se descubre un fraude que cometen cinco o diez empresarios, está claro que se trata de una acción delictiva de la que sólo son responsables esos empresarios, pero cuando en un país el fraude lo cometen varios miles de empresarios, entonces ya no estamos hablando de una acción delictiva individual sino de un sistema delictivo, un modus operandi. ¡Joder! Que en ningún lugar del mundo se levantan una mañana dos mil empresarios y dicen: ‘Vamos a quedarnos con la subvención y no colocamos a nadie’. ¿No te parece elemental?». «Sí, claro», le he respondido, sonriendo, entre turbado por mi torpeza y sorprendido por la contundente sencillez del planteamiento.

Hablábamos de la última pata con termitas descubierta en la Consejería de Empleo, el fraude de las subvenciones a la creación de puestos de trabajo que ha investigado la Fiscalía del TSJA con la Guardia Civil. A ver: por ser Andalucía la región con más paro de Europa, recibe cuantiosas subvenciones de la Unión Europea para que transforme en puestos de trabajo fijos los trabajos discontinuos y eventuales. Con el 80 por ciento de la UE y el 20 por ciento de la propia Junta, se conceden subvenciones a aquellos empresarios que se comprometan a hacer fijos a los trabajadores temporales. ¿Qué ha ocurrido? Pues que los empresarios se acogían a las subvenciones, y al poco tiempo, cuando ya tenían el dinero ingresado en la cuenta, despedían a los trabajadores. Y nadie comprueba nada, ni nadie tiene que justificar nada, ni nadie protesta por nada, entre otras cosas porque los miles y miles de trabajadores estafados desconocían que tenían derecho a un puesto fijo en esa empresa. Y todo esto ocurre, es menester repetirlo, en la región con más paro de Europa.

Como el engaño, acotado en tres años, no lo cometen ni diez ni cien empresarios, sino varios miles, tiene razón mi amigo cuando, sin exculpar a los que han cometido el fraude, pone el acento en el entorno, en la costumbre; todo el mundo actuaba así porque ésa era la forma de proceder de la Junta de Andalucía. El modus operandi: «Manera especial de actuar o trabajar para alcanzar el fin propuesto».
Con la mayor naturalidad, todo el mundo participa de la tarta. Dinero fácil, ingresos a fondo perdido de pequeñas cantidades, dos o tres mil euros, o algo mayores, de diez mil o doce mil euros por empresa.

Por todo lo anterior, por la cuantía escasa de las cantidades y por la generalización de la estafa, lo que queda al final, lo que quedará, será un proceso judicial en el que los afectados harán frente a sus multas y nadie sentará en los tribunales la mayor responsabilidad de este despropósito: una administración que se balancea entre la ineficacia y la corrupción y una sociedad que asume como algo normal que el dinero de los parados sirva para enriquecer a algunos o para sacar de algunos apuros a las empresas. Salvo que, en adelante, se compruebe que en esa trama de subvenciones existen otros delitos penales camuflados (prevaricación, tráfico de influencias o financiación irregular de partidos políticos), sucederá lo de siempre, «esto es cosa de tres o cuatro pillos». Y todo seguirá funcionando con normalidad, hasta que un día nos sobresaltemos con una duda atroz: ¿quién se corrompió primero, la sociedad o el partido que la gobierna?

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