El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

12 febrero 2011

Cinco deditos



¿Cómo era aquello de las abuelas? Cuando te sentaban en el regazo y te cogían la mano, dedito a dedito, empezando por el meñique. “Este puso un huevo, este lo cogió, éste fue a por pan, éste lo frió y este picarillo gordo se lo comió”. Con la misma simplicidad habría que replicarles a quienes desde el Gobierno andaluz y desde el PSOE repiten a diario que el escándalo de las prejubilaciones falsas no es una trama, no constituye una red organizada, sino que se trata, simplemente, de disputas jurídicas sin resolver, por las recomendaciones no vinculantes de la Intervención general, y que la inclusión de intrusos se debe, según los casos, a errores inexplicables o a la acción de algún desaprensivo. O como ha dejado dicho, en sublime bobada, un ex consejero del Gobierno, “un gesto de solidaridad mal entendida con dinero público”, para defender que se haya metido a intrusos en los expedientes de regulación de empleo. Pues no. También aquí funciona el esquema clásico del cuentecillo de la abuela. Este ideó el plan, éste lo puso en marcha, éste lo financió, éste buscó a las empresas y éste picarillo gordo se lo llevó. Y cada cual tiene su responsabilidad.

La primera de ellas es la de la persona que ideó el ‘fondo de reptiles’, o como quieran llamarlo ahora. La realidad es que se planificó un fondo de dinero que, burlando la legalidad, se destinó a subvencionar expedientes de regulación de empleo sin ningún control público. Con total opacidad. Una vez ideado el fondo, hubo dos ex consejeros de Empleo que lo aplicaron durante diez años; pusieron en marcha aquella maquinaria y hubo un tercero, el consejero de Economía y Hacienda de la época, hoy presidente, que lo financió con los presupuestos generales de la Junta de Andalucía. El dinero que se transfería tenía un fin público, “equilibrar la cuenta de pérdidas y ganancias de las empresas públicas”, como dice la Ley, y se empleó para subvencionar los expedientes de regulación de empleo de algunas empresas elegidas. Pero de ese trabajo se encargó el cuarto actor, los intermediarios. Fueron los bróker, los sindicalistas metidos a mediadores o los empresarios que beben del poder quienes buscaron a las empresas adecuadas para que se acogieran a esos expedientes de regulación de empleo que escapaban de la legalidad. También aquí el procedimiento es absolutamente irregular, porque cuando una empresa entra en crisis y se le acepta un plan de despidos o prejubilaciones debe acogerse a un procedimiento reglado para obtener las subvenciones a las que tenga derecho, sin necesidad de pagar a comisionistas. El último, el picarillo gordo, es el intruso, las decenas de personas que se introdujeron en los expedientes de regulación de empleo sin haber pisado jamás la empresa por la que se les concedió una prejubilación. Estos últimos son los ‘hombre de paja’ de los que habla la Policía porque el dinero habrá ido a parar a los bolsillos de algún intermediario o de alguna agrupación provincial, que eso ya se verá, los altos cargos que se aprovecharon de la situación y los familiares de los sindicatos o de los empresarios que también decidieron mojar pan.

Cinco pasos. Cada cual tiene una responsabilidad, unas serán penales y otras políticas. Pero ni uno sólo de esos actores se puede explicar sin el anterior. No existiría el picarillo gordo si alguien no hubiera puesto el huevo. Por eso, sí, claro que esto es una trama.

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