El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

17 febrero 2010

La mantequilla



La historia, que me permito reescribir y adaptar, la cuenta Jean Claude Carrière, el actor y guionista de cine francés, amigo de Buñuel. Dice así: «Un hombre estaba tomando, despreocupado, su desayuno una mañana en la terraza de su casa. De repente, la rebanada de pan de sándwich que acababa de untar con mantequilla cayó al suelo. Resopló por la contrariedad, miró al suelo instintivamente y, sobresaltado, observó que la tostada había caído con la mitad en la que había untado la mantequilla hacia arriba. Nervioso, se fue a ver a sus amigos, con la certeza de que acaba de presenciar un milagro. Las leyes más pertinaces de la naturaleza, los designios más intrincados del hombre, se rompían allí; ‘la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mantequilla’, y ese es un principio que desde que se plasmó en las leyes de Murphy nadie ha tenido la osadía de desmentir. Porque todo el mundo sabe que es verdad, que todo lo que es susceptible de empeorar acabará empeorando. Cuando llegó su mujer a casa, los encontró formando un círculo, mirando en silencio aquella revelación: una tostada en el suelo con la mantequilla boca arriba. ‘Tal vez seas un santo y ésta sea una revelación de Dios’, acabó diciendo el más sesudo de sus amigos después de intentar sin suerte explicar el acontecimiento con las leyes de la lógica y de la razón. Ya que estaban todos de acuerdo en que se trataba de un hecho sobrenatural, su mujer decidió ir a contárselo a un gurú, medio chamán medio sacerdote, que vivía apartado del mundo, en una chabola del extrarradio de la ciudad. Pidió una noche para reflexionar, a la mañana siguiente les daría una respuesta. Fue la noche más corta, porque nada más amanecer, ya estaban de nuevo ante el gurú en su chabola de paneles y chapas: ‘La explicación es muy sencilla –les dijo- . La verdad es que el pan cayó al suelo exactamente como debía caer, era la mantequilla la que estaba untada por donde no se debía haber hecho».

Esa es la historia. Ahora, como me ocurrió a mí, trasládenla al día a día de Andalucía o de España. A la crisis, por ejemplo; a la creencia generalizada de que todo está mal y puede aún empeorar, que este país es un desastre. Muchas veces hemos oído afirmar al gobierno que el pesimismo español no está justificado y que, además, acaba perjudicándonos en el exterior. Y cientos de veces ha dicho la Junta de Andalucía que esta región no tiene nada que ver con las críticas que se le hacen, que el progreso aquí es incontestable. Y, sin embargo, existe pesimismo. ¿Son nuestras propias críticas las que propician ese ambiente negativo, del que luego se aprovechan otros en el extranjero, como ocurrió la semana pasada?

John Elliot sostiene, por ejemplo, que «la autoculpa es algo muy español; que la misma recesión económica se está viviendo a nivel mundial, pero en ningún otro país se está creando como aquí una situación de psicosis». Desde luego, tiene razón Elliot Con un matiz: Hay razones sobradas en la historia de España para ser pesimistas. El dolor de España, el cansancio del alma de este «viejo país ineficiente», que dijo Gil de Biedma, no es fortuito, ni impostado. Lo malo de la autoculpa es que está motivada. Miren alrededor: la mediocridad de las autonomías, la repulsión hasta física a que pueda haber acuerdos, que nadie concibe un pacto sin navajas bajo la mesa, la inclinación natural a vivir el Estado, la parálisis del régimen andaluz… Hay motivos para la psicosis, sí. Y como el brujo de la chabola, si algún día cae la tostada con la mantequilla boca arriba, pensaremos que se untó por la cara equivocada.

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