El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

19 octubre 2009

Griñán con sifón


A Rafael Escuredo, que ha sido el líder más importante que le ha nacido al socialismo andaluz en estos treinta años, el aparato del PSOE lo utilizó como un klínex sin ningún reparo. En los primeros años de la democracia, el PSOE mantenía a Escuredo a distancia, lo cortocircuitaba en las asambleas cuando llegaba con su ideal de hacer del PSOE andaluz un partido de corte nacionalista. Hasta que cambió el discurso y el guión y Alfonso Guerra vislumbró el filón político del andalucismo para una carambola de época, Andalucía y Madrid. Entonces a Escuredo lo encumbraron, lo agitaron como una bandera omeya y lo coronaron con una corona de laureles de plástico, de quita y pon, como el decorado de los escenarios de un mitin. Lo que nunca le dieron a Escuredo fue el control del partido. Lo usaron hasta ganar las elecciones y luego lo echaron. Total, en realidad, nunca se habían creído su discurso. Se trataba de otra cosa, de usar su imagen, su melena de rizos y su sonrisa, para hacer creíble el giro andalucista.

Llegó luego Borbolla. Con Pepote, como le conocían entonces, el partido colocaba en la presidencia de la Junta a su líder natural, ahora sí, al hombre que en diciembre de 1977 fue elegido primer secretario regional del PSOE de Andalucía, en el primer congreso que los socialistas andaluces celebraron en Torremolinos. El problema de Borbolla es que, teniendo este origen tan claro de aparato del partido, acabó creyendo que su fuerza resistiría cualquier pulso externo. Alfonso Guerra controlaba el partido desde La Moncloa y Borbolla pensó, entonces, que no le hacían falta padrinos para seguir ejerciendo su doble liderazgo. Todos lo abandonaron, claro. Y se fue con dos puñales en la espalda, el que le clavó Sanjuán para arrebatarle la secretaría general del PSOE y el que le clavó Chaves, para hacerse con la Junta.

Contra todo pronóstico, Chaves ha sido, de todos los dirigentes del PSOE andaluz, el que menos presencia tuvo en la lucha por la autonomía andaluza, el político más mediocre y, sin embargo, el líder más longevo del socialismo andaluz. La clave está en la capacidad de supervivencia del presidente: tras superar el escollo del guerrismo, Chaves se ofreció en el PSOE andaluz como engarce ideal para unir los intereses distintos de sus baronías provinciales. Un líder regional capaz de mantener el equilibro provincial con la renuncia expresa a no entrar en ninguna de sus batallas. Zarrías y Pizarro, el uno en la Junta y el otro en el partido, eran los siguiente escalones.

En esas, llega Griñán, que ni ha sido jamás referencia interna en el PSOE ni, él mismo, tenía ambición alguna por asumir ese papel. Su falta de ambición en el partido, estar alejado de esa melé impresentable, es, quizá, la virtud que más se corresponde con el resto de cualidades suyas: cualificación, experiencia y sencillez. Pero no es esa imagen la que proyecta, lo peor del Griñán presidente es la indefinición, la nadería en la que navega desde que pronunció el discurso de investidura. Este Griñán es un Griñán con sifón. Así lo han visto en el PSOE y por eso lo alancean.

Era sólo cuestión de tiempo que se enfrentara con Pizarro, que es todo lo contrario, aparato y nada más. En cualquier caso, temprano le ha llegado al presidente de la Junta su enfrentamiento con el aparato, un clásico en el historial socialista.

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1 Comments:

At 20 octubre, 2009 14:51, Blogger arquitectomirobenito said...

A ver si se van todos a hacer gárgaras de una vez....

 

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