El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

08 diciembre 2005

Marcapasos


Morir de puente. Se puede morir de puente sin necesidad de estrellarse en la carretera. Se puede morir de puente en la puerta de tu casa mientras se espera una ambulancia, en la habitación de un hospital mientras se aguarda una intervención quirúrgica o en los pasillos de Urgencias, comiéndose las lágrimas de un dolor añadido, el dolor de la indignidad. Se puede morir de puente, sí, por la chapuza de la administración andaluza. Como aquel ayuntamiento granadino que dictó un Bando en el que prohibía a sus vecinos morirse en domingos y festivos por la falta de sepultureros, en Andalucía está contraindicado enfermar en fiestas.
La denuncia, ya sé, se repite cada vez que se acercan unas vacaciones. Incluso llega al Parlamento y allí se diluye. Hasta la próxima, que dirá la consejera con su desahogo habitual. Ocurre, sin embargo, que lo que se ignora en cada ocasión es que la chapuza tiene nombres y apellidos. Una cara. Un cuerpo enfermo encogido en una cama de hospital y unos familiares desesperados durmiendo en los pasillos. Esperando a que acabe la fiesta. Esta vez se llama Carmen. Tiene 89 años. Y se apaga en el hospital de Cádiz sin que nadie la atienda. La han dejado tirada. En el hospital Puerta del Mar de Cádiz están de puente. Eso le han explicado a sus familiares. Ya ven, qué mala suerte.

Carmen sufrió un desvanecimiento el uno de diciembre y, cuando llegó el 061, le explicaron que su corazón se había parado. Faltaban cuarenta y ocho horas para el puente. La ingresaron en el hospital de Cádiz y le anunciaron una intervención quirúrgica para implantarle un marcapasos. Ayer, seguían esperando. Primero le pedieron que lo comprendiera: «Hay mucho personal de vacaciones». Después, que la solicitud para obtener el marcapasos «se ha traspapelado, se ha perdido». Por último, «vuelva a solicitarlo, y con suerte, la semana que viene». El puente.
Ocurre, sin embargo, que un marcapasos no es un favor que nadie tenga que pedir. ¿Qué estafa es ésa de decirle a los pacientes que vuelvan a solicitarlo, como si estuvieran pidiendo plaza en una residencia de tiempo libre? Todos los hospitales andaluces deben tener un stock de veinte o treinta marcapasos, que los proporcionan las propias industrias hospitalarias. Y no se solicitan, se implantan de inmediato porque las enfermedades coronarias de esta naturaleza no se inscriben en las listas de espera.
En muchas facetas, Andalucía guarda en el código genético de sus generaciones las maldiciones más rancias que se le atribuyen, por extensión, a España. La pereza, el conformismo o la chapuza, por ejemplo, son constantes de la historia de España; lamentos persistentes que atraviesan los años, un desaliento que ahoga. El eterno «vuelva usted mañana» que hoy estamos de puente. Andalucía progresa, claro, por la inercia de los tiempos. Progresa, sí, pero no marcha. Ay, Carmen. Aguanta.

1 Comments:

At 09 diciembre, 2005 14:04, Blogger sieterrevueltas said...

Atención, pregunta. Si un consejero de la Junta acudiera al hospital con una familiar de avanzada edad, ¿lo tratarían así? Alguien dirá que esto es demagogia, y tiene razón. La demagogia no es denunciarlo, ni poner una cosa al lado de la otra. No. La demagogia es predicar y no dar trigo. Mucha propaganda y pocos marcapasos. Esto es lo que hay.

 

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