Índice Ramiro

Como la crisis económica se ha hecho sitio en la mesa, como se ha colado entre nosotros para convertirse en un miembro más de la familia, en uno más de la reunión de amigos o del turno de trabajo en la fábrica; como la crisis económica forma parte de las inquietudes colectivas y se aparece en todas las conversaciones, ya cada uno de nosotros es capaz de formular una teoría precisa sobre la evolución de esta tiesura. Cada uno de nosotros ha completado en su barrio un trabajo de campo documentado sobre el ánimo de los parados y la angustia de las familias a las que han vuelto alguno de sus hijos mayores, en paro, porque no tienen para pagar la hipoteca, el coche y la guardería del niño pequeño y quieren, por lo menos, que la madre vuelva a ponerles un plato de comida y les resuelvan el almuerzo. A veces se trata sólo de mirar a través de la ventanilla del coche mientras se suceden, con la secuencia de los fotogramas de una película, edificios desnudos en las afueras, el esqueleto gris de los pilares de hormigón, obras que se quedaron paralizadas un día y, con el paso de los meses, ahí siguen, con las banderas de la promoción carcomidas por el sol y la lluvia, deshilachadas por el viento. Sí, no hace falta esperar a las previsiones mensuales de los analistas ni a los datos de la Encuesta de Población Activa porque cada cual tiene sus referencias concretas para medir la evolución de la crisis.
Nos hemos convertido todos, es verdad, en expertos cotidianos del análisis de la crisis y, con frecuencia, es de mucha utilidad atender a los informes del mercado de abasto que a las gráficas de la macroeconomía. Hace unos días me acerqué a uno de esos amigos para preguntarle por sus informes diarios de la crisis. Era Ramiro, el de Publipunto, un tipo que ya se convirtió en referencia nacional cuando se aparecía por todas partes, el don de la ubicuidad radiofónica y del ingenio para saber levantar una empresa y hacerse un hueco en la economía española. Ramiro el de Publipunto tiene en la cabeza una base de datos actualizada del mercado nacional, de la capacidad de gasto de las amas de casa que llaman para comprar el último grito en cremas antiarrugas y de los cuarentones preocupados por los michelines de la oficina que se entregan a la última revolución de la gimnasia pasiva para conseguir, sin moverse del sofá, el abdomen cuadriculado de Cristiano Ronaldo. Y Ramiro, el de Publipunto, me dijo que no es verdad que la crisis se haya superado, y que en España la pujanza sólo es posible atisbarla en algunas capitales, Madrid, Valencia y Málaga... “Y lo más curioso –añadió- es que los productos que se colocan con más facilidad en el mercado son los más caros y los más baratos, mientras que los productos intermedios, se han estancado”.
Curioso, sí. Le he dado vueltas y, con la misma técnica de estos trabajos de campo, se puede concluir que ese estancamiento de los productos de precios intermedios se corresponde, milimétricamente, con el estancamiento de la clase media española. La inmensa clase media que padece y teme la crisis, porque la sufre y porque la espera. La clase media. Cuando lleguen los brotes verdes a la clase media, y Ramiro el de Publipunto estabilice su cuadro de ventas, podremos decir que estamos saliendo de la crisis.


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