El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

03 mayo 2011

Hastío



El hastío; esa convalecencia incurable…
(Cioran)

Hemos llegado al punto desquiciante de que son los propios vicios del sistema los que se utilizan para explicar el funcionamiento de las instituciones. La Justicia, por ejemplo: la excesiva politización de la Justicia es el sumidero por el que se pierden todos los debates. Nada se analiza porque todo se explica con la misma lógica manida; nada se detalla y en nada se profundiza porque todo se justifica con el mismo argumento. Sea cual sea el problema, sea cual sea su origen y sus peculiaridades, al final todo acaba con la justificación de que es la política la causante de todos los males de la Justicia. Y no, claro. Que la Justicia está politizada es una evidencia, pero de ahí a pensar que todo lo que ocurre en el mundo judicial tiene una motivación política es el mayor de los despropósitos. Entre otras cosas porque esa visión maniquea de las cosas nos priva de profundizar en los verdaderos problemas, con lo que nos estamos condenando a repetirlos continuamente. Sin un análisis correcto no hay posibilidad alguna de corregir errores.

El sainete inaceptable del etarra Troitiño, la excarcelación y fuga, la liberación y la nueva orden de búsqueda y captura del asesino, tendría que haber originado una convulsión sobre el por qué de esos fallos garrafales. Pero no, lo que ha ocurrido es que, como siempre, el debate se reduce a la disputa política. Y no es que el Ministerio del Interior no tenga nada que decir en lo ocurrido, pero parece evidente que, antes que el Gobierno, el protagonismo se lo reparten los jueces de la Audiencia nacional y, en menor medida, los fiscales del caso. Sin embargo, que se sepa, nadie ha exigido la apertura de un expediente en el Consejo General del Poder Judicial, ni nadie desde los partidos políticos ha exigido explicaciones a los jueces que, en tres o cuatro días, han sentenciado una cosa y la contraria, el derecho a la libertad del etarra y la orden para que vuelva a prisión de forma inmediata. Si pensamos que el problema de fondo es Rubalcaba o la negociación bajo cuerda con los etarras, lo que ocurrirá a continuación es que nada se va a corregir y, cuando se apaguen las brasas de esta última polémica, otra vez volverá a ocurrir lo mismo. ¿Ha fallado la Audiencia Nacional? ¿Ha fallado el sistema de comunicaciones antes de poner en libertad a un etarra sin haber cumplido su condena? ¿Ha fallado la fiscalía, por no pedir medidas cautelares de vigilancia contra el etarra tras presentar su recurso?

En el escándalo de los EREs ocurre lo mismo. Desde hace semanas, la investigación se ha varado en el terreno que más le conviene a los delincuentes. Pasa el tiempo y la investigación parece detenida, mientras que a su lado va creciendo cada vez más el globo hinchado de la polémica política. Para los dirigentes del PSOE, el problema es que la jueza es del PP; para los dirigentes del PP, el problema es que los fiscales están al servicio del PSOE. Y ahí se acaba el debate. Todo lo que ocurra a partir de ahora se interpretará siempre con las mismas claves, y nadie se detendrá a analizar que la jueza puede equivocarse o acertar, igual que el fiscal; y si lo hacen, no será porque sus actos estén guiados por ninguna mano oculta, sino porque son humanos. Pero nada. De ahí el hastío de saber que, sea lo que sea, siempre acabará igual. El hastío, sí, que es una convalencia porque la enfermedad es otra.

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