El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

03 septiembre 2010

Rendidos



Quizá fue a los seis años cuando debió comprender que todo iba mal. De haberlo entendido entonces, de haberlo afrontado entonces, hoy no estaría sentado aquí, en el cuartel de la Guardia Civil, esperando a que de un momento a otro aparezca por la puerta su hijo detenido. No tendría que mirar con angustia la puerta de madera por la que le han dicho que aparecerá; sin saber si podrá soportarle la mirada, si tendrá fuerzas para no salir corriendo a abrazarlo, si será capaz de resistir sin derrumbarse cuando lo mire a los ojos. Diez años han pasado y, de haberlo entendido entonces, quizá hoy no estaría aquí, con la denuncia de malos tratos que acaba de firmar contra su propio hijo.

Seis años tenía su hijo cuando, en mitad de la fiesta, después justo de soplar las velas, abrió la ventana y tiró por el balcón todos los juguetes que le habían regalado. Les había advertido que, para su cumpleaños, quería una videoconsola y, cuando al abrir los regalos, descubrió que no se la habían comprado, se fue al balcón malhumorado y lo tiró todo por el balcón. Los invitados se quedaron perplejos, inmóviles, con el plato de pastel en la mano y la boca abierta. Sus padres se levantaron de la mesa y corrieron por el pasillo detrás del niño. “Se ha encerrado en su cuarto, no quiere salir. Bueno, dejemos que se le pase el disgusto… Te dije que tendríamos que haberle comprado la videoconsola, que todos los niños de su edad la tienen ya, y el pobrecito, míralo, qué pena le ha entrado. Espera, que salgo un momento, y le compro la videoconsola ahora mismo”. Sentado en aquel pasillo, donde la Guardia Civil le había dicho que esperase, aquella frase suya. Porque, a partir de aquel día, ya nada fue igual.

Con frecuencia nos olvidamos que somos animales, que nuestros comportamientos son animales, que la vida del hombre es la historia de una dominación. No existe relación humana ni colectividad en la que no se establezca el mismo juego de dominación, la prevalencia del más fuerte. La familia es una de las estructuras más elementales de esa dominación. Patriarcados o matriarcados definen a las sociedades a lo largo de humanidad. La carambola que quizá nadie esperaba en la historia es que llegaría un día en el que la dominación la ejercerían los hijos sobre los padres. Y que de todas las dominaciones posibles, de todas las conocidas, ésta de los hijos sería la más violenta de todas. La más cruel y la más inconcebible.

Maltrato físico, maltrato psicológico… Repasaba la copia de la denuncia que acaba de firmar ante la guardia civil y su mente recorría a la gran velocidad la pendiente por la que todo se precipitó desde aquel cumpleaños. Los portazos de habitación que conducen a los insultos en público, los desplantes que se convierten en asfixia durante las cenas de familia; las exigencias de juguetes, de dinero, de caprichos que terminan en noches de insomnio y espera; las malas notas del colegio, las advertencias del director… Y ellos, sus padres, siempre justificándolo todo. Hasta que llegaron los golpes. Y los dos, aterrorizados, temían que sonara la cerradura, que llegara del malhumor, que se enfadara otra vez. Cuando lo vea llegar, la pena se hará insoportable porque sabrá que es su propia vida, su fracaso mayor, a quien van a encerrar esa tarde. Por eso se ha rendido.

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1 Comments:

At 04 septiembre, 2010 13:31, Blogger Panduro said...

...los desplantes que se convierten en ¿? durante las cenas de familia;...

No sé si tanto como generación perdida, pero el desnortamiento es notable.

 

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