El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

28 abril 2010

Llamarse Pepe



El presidente de la Junta de Andalucía ha decidido cambiar de nombre. De todas las revoluciones emprendidas en su vida política, ésta es la más importante, la más personal: José Antonio Griñán, que ha sido su nombre político durante treinta años, su nombre de ministro, su nombre de consejero, su nombre de vicepresidente andaluz, ha pasado ya a la historia; definitivamente, José Antonio Griñán ha decidido someterse a la última transformación, enterrar lo último que le quedaba de su anterior etapa política, y comenzar a llamarse a partir de ahora Pepe Griñán. Como en la célebre obra de teatro de Oscar Wilde, José Antonio Griñán ha descubierto la importancia de llamarse Pepe.

«Jack.– No, no me llamo Ernesto; me llamo Jack.
Algernon.– Siempre me has dicho que eras Ernesto: Yo te he presentado a todo el mundo como Ernesto. Tú respondes al nombre de Ernesto. Tienes aspecto de llamarte Ernesto. Eres la persona de aspecto más formal que he visto en mi vida. Es perfectamente absurdo decir que no te llamas Ernesto. Está en tus tarjetas.
Jack.– Pues bien, sea; me llamo Ernesto en la ciudad y Jack en el campo.»

Una campaña publicitaria del PSOE lo difundirá ahora por toda Andalucía. Ha nacido Pepe Griñán. Dirán que, en realidad, a Griñán siempre le han llamado Pepe sus amigos, sus familiares, pero eso no tiene nada que ver con la política. En política, Griñán siempre ha sido José Antonio Griñán, que es muy distinto.
José Antonio es, además, el nombre que va más acorde con la imagen política de Griñán en los treinta años que lleva como alto cargo. Y aunque ahora se llame Pepe, el problema de Griñán es que, políticamente, tiene aspecto de llamarse José Antonio. Una de las personas que mejor lo conoce, el profesor Miguel Rodríguez Piñero, ex presidente del Constitucional y catedrático de Derecho del Trabajo, le dijo al colega Paco Correal que a Griñán, al que conoce desde joven, «nunca le gustó el protagonismo; siempre fue hombre de segunda fila, y eso que ha estado en cargos importantes. Es un buen político, pero con un traje de técnico». Ese traje, precisamente, es el que Griñán quiere quitarse ahora. Parece como la rebelión del eterno ‘número dos’, el técnico discreto, desapasionado, que, cuando nadie lo esperaba, llegó al poder, los apartó a todos, y se subió encima de la mesa para hablar. ‘Ya está bien de llamarse José Antonio; me llamo Pepe’.

«Jack.– ¿Pero no querrá decir que no podría amarme si no me llamase Ernesto?
Gundelinda.– Ernesto es un nombre divino. Tiene música propia. Produce vibraciones. ¿Jack?... No; tiene poquísima música ese nombre, si es que realmente tiene alguna. No conmueve. No produce absolutamente ninguna vibración...»

En la estrategia de Griñán, la subida hasta el poder constaba de tres capítulos. El primero era hacerse con la presidencia de la Junta y con el Gobierno andaluz. El segundo, la secretaría general del PSOE. El tercero, su presentación en sociedad con una imagen política nueva, más cercana, que dé confianza. Ésa es la campaña que comienza ahora, ‘Cambia con Andalucía, cambia con Pepe Griñán’.

«Lady Bracknell.– Sobrino mío, paréceme que empiezas a dar señales de vulgaridad.
Jack.– Al contrario, tía Augusta, acabo de darme cuenta, por primera vez en mi vida, de la importancia suma de ser formal; y de llamarse Ernesto».

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