El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

05 febrero 2009

Credibilidad


En quince días, a Obama ya le han dimitido cuatro. El último en dimitir, el secretario de Salud, tenía una deuda pendiente con Hacienda de cien mil dólares. Por suerte para la política norteamericana, cuando se demuestran las denuncias, la única salida que dignifica el afectado es la dimisión, no la burla, no el cinismo, no la mentira, no la amenaza. «Estoy profundamente avergonzado y decepcionado por los errores cometidos», dijo el tipo, pidió perdón y se fue.

Recuerdo el caso de un candidato socialista al que denunciamos aquí cuando supimos que, en su etapa de abogado, no había pagado ni uno solo de los impuestos y tasas locales. ¡Y quería ser alcalde de la ciudad! La contestación del PSOE, que lo arropó de inmediato, fue que lo que se demostraba con los impagos de impuestos era el carácter humilde y sencillo del candidato. Por supuesto, no dimitió. Es más, acabó gobernando.

En Estados Unidos, no. Ahí está el caso de Nancy Killefer, otra de las dimitidas, no la han pillado robando, ni con un pelotazo, no; tenía un embargo de algo menos de 1.000 dólares por no haber pagado un impuesto sobre el desempleo a un empleado del hogar. Era eso, o sea, y ha dimitido porque todos tienen claro que ese borrón la incapacita para «controlar el gasto público y dar mayor transparencia a los presupuestos», que era para lo que la había fichado Obama.

Se desploma la credibilidad y, con ella, el cargo público. La credibilidad, sí, que en política es un valor tan importante como la propia honradez, y por eso Plutarco contó aquella anécdota de César sobre su mujer. La credibilidad, sí, que es un concepto ajeno a pesos y medidas, no depende de tamaños ni de cuantías.

La credibilidad, sí, que es, precisamente, de lo que no se entera la alcaldesa de Marbella. A ver. Lo que nadie discute, tampoco la alcaldesa ni su partido, el Partido Popular, es que existe una franja de terreno limítrofe entre Marbella y Benahavís cuya titularidad se disputan estas dos ciudades desde antiguo. Tampoco discute nadie que familiares de la alcaldesa de Marbella poseen en esa franja varias fincas. De la misma forma, nadie pone en duda que la alcaldesa, sin tener asumidas las competencias de urbanismo, se reunió en diciembre con su colega de Benahavís para cederle esa franja de terreno y zanjar el conflicto territorial. Y que luego, ella misma llevó el asunto al Pleno.

Si nos detenemos ahí, sin ni siquiera entrar en si la familia de la alcaldesa ha obtenido beneficio alguno, que eso ya se verá, el Partido Popular tendrá que aceptar que ese proceder es radicalmente contrario a lo que dicta la inteligencia, el sentido común y la ética. Es decir, sólo con lo que todo el mundo admite hasta ahora, la alcaldesa de Marbella está obligada, por lo menos, a pedir disculpas por su inexplicable torpeza. Tendría que haber hecho lo contrario, abstenerse desde el primer momento y dejar la resolución de las lindes en manos de una comisión técnica, independiente y consensuada.

La credibilidad es una virtud tan débil que se conquista en años y se pierde en un instante. Si eso no lo sabe quien gobierna en Marbella, si la alcaldesa no tenía esa prevención después de lo ocurrido en esa ciudad, será menester que alguien de su partido comience por el abecé, como aquello famoso que los asesores de Clinton pegaron en un corcho durante la campaña electoral para no olvidarlo, «es la economía, estúpido». Es la credibilidad, alcaldesa, la credibilidad.

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1 Comments:

At 08 febrero, 2009 12:58, Blogger Martínez said...

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