El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

13 febrero 2007

Intuición



En esta campaña del referendum sobre el nuevo Estatuto de Andalucía no se hace demasiado hincapié, ni siquiera como formulación retórica, en que los votantes se lean el texto antes de ir a votar. Se deja todo a la inclinación natural que ya manifestaron Los del Río cuando el referendum europeo: "Si unos señores tan importantes, dicen que el Estatuto es bueno para Andalucía, habrá que votarlo". Total, en el Parlamento andaluz, donde se cobra por eso, ya admitió una vez un diputado que lo normal es que las leyes se aprueben sin que la inmensa mayoría se las haya leído. No es de extrañar, por tanto, que en consultas tan específicas como ésta en las que el ciudadano no cuenta con la percepción directa de las acciones de un gobierno, lo que realmente le gustaría a los partidos es que sus votantes se comportasen como los diputados, que se limitan a no perder de vista los dedos que alza sobre sus cabezas el portavoz. Si es un dedo, hay que votar que sí; si se alzan dos dedos, hay que votar que no; y si son tres dedos, se vota en blanco.

Como no es así, el asunto se obvia. Ya hace meses que el presidente Chaves nos lo explicó: «Cuando se hace una reforma del Estatuto o incluso de la Constitución, no es un problema de conocimiento. La gente intuye qué es lo que está en juego». Luego habló del agravio.

Pasemos por alto la idea borreguil del electorado. Detengámonos en este interesante concepto de votaciones por intuición. El grave problema del nuevo Estatuto es que lo que se intuye coincide plenamente con lo que se piensa cuando se lee: que es un pestiño farragoso, prescindible y artificial que servirá, sobre todo, para una mayor intervención de la Junta de Andalucía en nuestras vidas y para un mayor descontrol del Estado de las Autonomías en España.

Dicho de otra forma, que no conozco a nadie que haya leído, hojeado o repasado el nuevo Estatuto que no le haya servido para tener clara la abstención o el voto en contra. Se lee el Estatuto y se tiene claro que hay que combatirlo. Curioso.

Y, además, cada vez se encuentran más despropósitos. Ayer mismo, un lector de este periódico escribía alarmado porque no se haya denunciado el artículo 34: «Se reconoce el derecho a acceder y usar las nuevas tecnologías (...) mediante los medios y recursos que la ley establezca».

«¿Qué quiere decir esto de acceder a las tecnologías mediante los medios y recursos que la ley establezca? ¿Eso es algo que se regule por ley? ¿Mi ordenador por ejemplo, lo tienen que regular antes de comprarlo?», dice el lector.

Como verán, tiene razón Chaves. Es mejor la intuición que el conocimiento. Así nadie se hace estas preguntas del Estatuto.

9 Comments:

At 13 febrero, 2007 14:46, Anonymous Anónimo said...

Le han dado la medalla de Andalucía a Raphael y yo me he acordado de este post que se puso aquí.
http://elblogdejaviercaraballo.blogspot.com/2006_08_01_archive.html

 
At 13 febrero, 2007 14:49, Anonymous Anónimo said...

No sale!!!!... Más rapido para el que le interese: Lo he localizado en el archivo de agosto, el 30 de agosto de 2006.

 
At 13 febrero, 2007 18:42, Anonymous Anónimo said...

Yo iría a votar, incluso votaría que sí, si sale Chaves por la tele leyendo el preámbulo del tirón sin trabucarse.

 
At 13 febrero, 2007 19:46, Anonymous Anónimo said...

Lo más triste de todo es que la clase politica andaluza, no reflexiona, el porque este choteo con el Estatuto, cuando hace años la gente se lanzó, nos lanzamos a la calle, pidiendo autonomia para Andalucia.
¡ Nos han quemado, nos han aburrido ?. ¿Porque?

 
At 13 febrero, 2007 21:03, Blogger canalsu said...

Zapatero lo ha dicho meridiano en la SER. La participación no es un tema que, al día siguiente, preocupe a la gente. Yo recuerdo la preocupación de los políticos en las antiguas consultas por la participación, cuando la gente, sin conocer tampoco la norma sentían un compromiso, que no podían explicar pero que intuían conveniente, beneficioso. Entonces había vergüenza. Hoy los políticos sólo nos dicen que firmemos, que les miremos a los ojos y que confiemos en ellos. Les importa un carajo lo diga el pueblo o su pueblo, no estiman el voto soberano, lo que buscan es un notario para seguir chupando del bote. Que votan diez de cien…¡Ha hablado el pueblo!

 
At 13 febrero, 2007 23:50, Anonymous Anónimo said...

EN BLANCO

 
At 14 febrero, 2007 13:18, Anonymous Anónimo said...

Caraballo, carnes mías, mira que eres demagogo... El artículo referente a las tecnologías de la información (TIC) lo único que hace es decir que uno puede usar las TIC como le de la gana, pero que no está bien piratear. Es una manera de que los poderes públicos pongan de manifiesto que, al menos en el papel, están contra la piratería y por la legalidad. Otra cosa es que yo me piense seguir bajando todo, pero eso ya es personal,asumo que estoy cometiendo un acto ilegal...

 
At 15 febrero, 2007 14:53, Anonymous Anónimo said...

De demagogo, nada, joselito.

De tratarse, como dices, de la protección de un supuesto derecho de propiedad intelectual -que, dicho sea de paso, desde un punto de vista liberal, resulta más que discutible, por cuanto ni tiene que ver con bienes económicos (es decir, sujetos a escasez) ni se da rivalidad en su consumo (porque el que tú te bajes una canción no disminuye las posibilidades de que el titiritero de la SGAE en cuestión pueda seguir usándola en sus conciertos)-, lo que cumpliría es haberlo situado en un artículo dedicado precisamente al derecho de propiedad que, curiosamente, brilla por su ausencia. Claro, como que todo el texto es básicamente una retahíla de agresiones contra los verdaderos derechos, los éticos, los naturales, los pre-existentes al Estado y ejercibles sin necesidad de violentar los del prójimo, como son la vida, la libertad y la propiedad.

El sano constitucionalismo liberal, el que rige en el occidente civilizado, está basado en los llamados derechos negativos, que son barreras de protección del individuo frente al poder del gobierno. Así, es de primero de derecho constitucional saber que, igual que el derecho al trabajo quiere decir, no que haya que atracar a otros para darte un trabajo, sino que el gobierno no puede impedir que lo tengas, eso del derecho a una vivienda digna lo que realmente significa es que el estado no puede impedir que tengas vivienda, que es justamente lo que está haciendo en España con su absurdo intervencionismo sobre la construcción y el suelo.

El que tú tengas derecho a usar las nuevas tecnologías es una obviedad, algo que forma parte de tu libertad –libertad que estarás ejerciendo no cuando, a través del Estado, te sirvas de la fuerza para obtener tus deseos, sino cuando te abstengas de agredir a los demás y nadie interfiera coercitivamente en la persecución de tus propios fines- y no te hace falta que ningún burócrata venga a decírtelo. Y si lo hacen, es señal inequívoca de que hay que desconfiar porque, precisamente, lo que están queriendo es meter las zarpas para limitar esa libertad. De hecho, ya han empezado a querer controlar Internet pretextando un supuesto deseo de proteger a la infancia que, en cualquier caso, a quien debe corresponder es a los padres. Y lo que te rondaré porque ¿qué me dices del derecho al paisaje?

Una regulación de supuestos derechos tan detallada y que requiere de tantos circunloquios no puede por menos que ser vista como una regulación, no de derechos, sino de sus excepciones, es decir, de los privilegios (etimológicamente: leyes hechas para unos pocos), prerrogativas y portillos legislativos que, utilizando siempre excusas aparentemente angélicas y relacionadas con conceptos evanescentes como el “bien común” -el verdadero bien común nace de que los individuos sean libres de perseguir sus propios fines dentro del orden social espontáneo que llamamos mercado y, si no, compárese Cuba con Irlanda- se arrogan los burócratas para, ampliando constantemente sus atribuciones, sus pesebres, sus clientelas y siempre a tu costa, irse inmiscuyendo cada día más en tus libertades. Te recuerdo cómo la constitución soviética contenía el más detallado catálogo de derechos que han visto los siglos. Naturalmente, los colectivistas totalitarios no le dicen a uno directamente que es un siervo del Estado, sino que apelan al miedo ancestral, al instinto gregario, al sentido de rapiña propio de la tribu, a la nostalgia de la horda, para borrar cualquier vestigio de individualidad, de conciencia de que como se sale adelante es por uno mismo, de independencia individual frente al gobierno, que es precisamente la característica esencial de las sociedades abiertas.

Los derechos fundamentales y las libertades públicas se enuncian sobradamente en una página (ver las enmiendas de la constitución norteamericana). El resto, hasta completar los 250 artículos de este bodrio liberticida, no pueden entenderse sino como la expresión de innumerables limitaciones y cortapisas de esas libertades individuales, así como un intento deliberado de, apelando a conceptos emocionales como un supuesto esencialismo andaluz -de nuevo la tribu- triturar los últimos mecanismos de limitación del poder, hasta lograr extender un control quasi-totalitario sobre la vida de la gente.

Eso sí, a gran parte de nuestra pancista clase periodística lo que le preocupa no es la amenaza a la libertad de expresión que supone el CAC. Lo único que les preocupa es poder enchufarse ellos también, como los otros, al comedero público. Sin duda alguna, éste es el estatuto del régimen.

 
At 15 febrero, 2007 16:04, Anonymous Anónimo said...

Bueno, por facilitar, ahí va .

 

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