El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

31 octubre 2006

Esquelas


Quieren llenar La Moncloa de muertos. Hoy, día de Todos los Santos. Aseguran haber convocado «a miles de ciudadanos por internet y sms para enviarle al presidente del Gobierno al palacio de la Moncloa las esquelas de los asesinados por los republicanos que van apareciendo en los diarios nacionales, acompañadas de esta anotación: ‘Para que complete su memoria histórica’». Más adelante, la ‘convocatoria’ señala que si Zapatero destaca siempre que su abuelo murió fusilado por los fascistas, también debe mencionar el presidente que su progenitor participó en 1934, junto a Franco, en la represión, ordenada por la República, de la ‘revuelta de Asturias’, en la que murieron 1.200 personas, mineros convocados por el PSOE y la UGT.

En definitiva, que tendrán que pasar muchos años para que podamos analizar y comprobar los efectos de esta locura, este sinsentido. Rencores y odios olvidados se baten en una guerra de guerrillas y se tiran esquelas a la cara a los treinta años de la muerte del dictador, a los setenta años de la Guerra Civil. En dos años de Gobierno de Zapatero, en España se ha hablado más de Franco, del franquismo y de la Guerra Civil, que en treinta años de democracia. El presidente decidió mover los rescoldos del enfrentamiento, avivar las llamas, y cuando llegan, como ayer, estos mensajes, el temor es que ya no exista nadie capaz de frenar esta nueva espiral de bilis y venganzas.

Ni siquiera la evidente ‘edulcoración’ de la Ley de Memoria Histórica (ni revisión judicial de los juicios sumarísimos, ni retirada masiva de símbolos franquistas, ni condena a la iglesias, ni exhumaciones generalizadas de fosas comunes) devuelve, a estas alturas, las aguas a su cauce.
Por esa razón, la duda siempre será la misma. Si al final se pensaba dar ‘marcha atrás’, entonces, ¿para qué todo esto? ¿Por qué el empeño de Zapatero de remover las peores entrañas de la historia de España? En 1982, por ejemplo, cuando Felipe González fue elegido presidente con abrumadora mayoría, una de las primeras cosas que se descartó fue un proceso como éste.

Julio Feo, el gurú del marketing socialista de aquellos tiempos, lo ha contado con detalle: «Habíamos hecho encuestas y habían salido cosas muy significativas. Descubrimos que la gente tenía tanto rechazo al saludo fascista del brazo en alto como lo tenía al puño en alto. (...) Había que romper con eso». Felipe prometió cambio, una España nueva, salió en los carteles como promesa de futuro y, progresivamente, en los congresos socialistas se dejó de cantar Internacional con el puño en alto. Y nunca habló de la República como referencia de nada.

En todos los gobernantes, se presume que sus actuaciones están guiadas por la reflexión, el estudio y el análisis. De ahí esta angustia grande. Que la peor conclusión, dentro de unos años, sería comprobar que Zapatero sólo se ha guiado por la ignorancia panfletaria y el sectarismo.