El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

26 junio 2009

Barra libre



La libertad de expresión es un derecho universal pero cualquiera podría pensar que se hizo sólo para los periodistas, para garantizar la libertad de prensa. Quiere decirse que, cualquiera que lea el artículo 20 de la Constitución, lo último que se le vendrá a la cabeza será un político. Podría parecer que a la política lo que le conciernen son otros derechos fundamentales, el derecho de asociación, de reunión o la libertad ideológica. Pero no. Pese a lo que pueda parecer, la libertad de expresión se ha convertido en un artículo a medida de los desvaríos de la política. Un político puede decir lo que le plazca, que no habrá tribunal que le condene invocando la libertad de expresión.Un ejemplo: hace un par de años, el líder de los socialistas de Huelva, Javier Barrero, ofreció una rueda de prensa para denunciar que el alcalde de la ciudad, Pedro Rodríguez, se dedicaba a llamar a los prostíbulos y a las líneas eróticas con el teléfono del Ayuntamiento. Incluso precisó las veces: «Más de cien». Y lo acusó de un delito, «malversación de caudales públicos».

Hace unas semanas, el Supremo decidió archivar la querella al entender que las acusaciones de Barrero se hicieron «en un contexto de debate o contienda pública y política [...] donde el ejercicio de las libertades de expresión e información están en conexión con asuntos que son de interés general por las materias a que se refieren y por las personas que en ellos intervienen y contribuyen, en consecuencia, a la formación de la opinión pública».

Cualquier periódico que hubiera publicado, como algo propio, lo afirmado por Barrero, se hubiera visto obligado a rectificar al comprobarse la absoluta falsedad de lo denunciado o, por lo menos, tendría que publicar en sus páginas la rectificación del afectado. En el caso de Barrero, ni una cosa ni la otra. Y si el asunto hubiera llegado a los tribunales, cualquier magistrado hubiera razonado, justamente, que la libertad de expresión de un periodista no puede esgrimirse cuando la información no es veraz ni verosímil, sino conscientemente falsa.

Es así, y así debe seguir. Lo cual refuerza la paradoja a la que se ha llegado, el hecho de que la prensa tenga más restringido el derecho a la libertad de expresión que la clase política, a la que no se le exige jamás que demuestre sus acusaciones. Lo estuve pensando ayer, tras el penoso debate del Parlamento andaluz en el que se abordaba la comisión de investigación sobre la empresa en la que trabaja la hija de Chaves. Este periódico ofrece documentos, esgrime ética y exhibe textos legales. Y en el debate, en la tribuna, un aventajado de Barrero, un joven amamantado en el sectarismo, un depredador de la política, salía a morder. Más barbaridades contra EL MUNDO no le cabían en la boca. Barra libre, lo normal en ese mundo de privilegios. En fin. Como la libertad de expresión es un paraguas común, está bien que la gente aprecie la diferencia. Ésos y nosotros.

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1 Comments:

At 01 julio, 2009 20:08, Blogger Pasión said...

Javier, es penoso y triste, les da exactamente igual, luego se irán a dormir con suc conciencias limpias.

Saludos

 

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