El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

29 octubre 2010

Tuteo político



Primero fue el tuteo indiscriminado y, desde hace ya bastantes años, se le ha añadido el empleo generalizado del diminutivo. De forma que uno entra en una tienda a comprarse unos zapatos o un televisor, y lo primero que hace el dependiente –no todos, es verdad– es comenzar a explicar las diferencias de precios y de calidades como si a uno le faltaran dos hervores. Como ayer, por ejemplo: «Mira, éste es muy baratito. Si te lo llevas, presentas la facturita en la caja y te hacen un descuentito. Guárdate bien la facturita, ¡eh!, porque tienes dos años de garantía. Pero ya verás, cuando estés en casita... Te vas a alegrar». Y se queda uno con cara de bobo, sin haber pronunciado ni una sola palabra, estupefacto. O, mejor, estupefactito.

Fernando Lázaro Carreter consideraba que el tuteo, pavorosamente extendido en España, es una de las manifestaciones más visibles de la crisis de una serie de valores que tienen que ver con la educación, con el respeto, con los buenos modales; con esa antigualla que se llamaba urbanidad y se impartía en los colegios. «¿Somos capaces de valorar cuánto ha costado a la humanidad el código de conducta civilizado que ahora se desmorona?», se preguntaba Lázaro Carreter sin adivinar más respuesta que la constatación del evidente declive de las más elementales normas sociales civilizadas y su vinculación con las desnortadas tendencias al igualitarismo, que nada tienen que ver con la igualdad.

Como después de la tienda, me detuve en la sesión el Parlamento, observé que el problema de la política es también el tuteo. Los diputados, entre ellos, guardan escrupulosamente el tratamiento de señorías, pero cuando se refieren a la gente tienden a tutear a los electores, a los ciudadanos. Se oyen las explicaciones del Gobierno ante las preguntas de la oposición y la sensación que se tiene es que, a sus ojos, los ciudadanos son seres inmaduros, infantiles. Por eso, el Gobierno, ante las críticas, ya sean por los recortes sociales, por el despilfarro o por los abusos en la Función Pública, la única conclusión que extrae es que es necesario reforzar la comunicación (la propaganda) porque los ciudadanos no lo han entendido bien. Seres inmaduros incapaces de comprender que cuando le meten la mano en el bolsillo es por su propio bien.

La propia transfiguración de José Antonio Griñán en Pepe Griñán tiene mucho que ver con el tuteo. En la sesión de ayer, Arenas le deslizó con habilidad el escándalo de su segundo y Griñán, Pepe Griñán, decidió tutearnos a todos con una conclusión inaudita sobre lo ocurrido: «El PSOE es el partido que más se parece a Andalucía». ¿Y eso qué quiere decir, Pepe Griñán? ¿Acaso que todos recibimos subvenciones de la Junta o es que piensa que todos somos iguales, unos fulleros? Ayer, en el Parlamento, el presidente se comportaba como el dependiente. «Lo de Velasco no es nada, una sospechita de nada. El PSOE sigue siendo tu partido, el de todos los andaluces. A lo demás, lo le eches cuenta, que es una tonteriíta».

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