El Blog de Javier Caraballo

Javier Caraballo es periodista de EL MUNDO. Es redactor Jefe de Andalucía y autor, de lunes a viernes, de una columna de opinión, el Matacán, sobre la actualidad política y social. También participa en las tertulias nacionales de Onda Cero, "Herrera en la Onda" y "La Brújula".

15 diciembre 2009

Zapatero bifronte


El Gobierno de la nación se despliega a diario ante nosotros con dos políticas transversales que recorren todos los ministerios, la política de tensión interior y la política del perdón exterior. Son fuerzas rivales, conceptos antagónicos que se repelen como los polos contrarios de dos imanes pero que, a lo que se ve, ayudan al Gobierno a crear un campo magnético propicio para sus estrategias electorales. El presidente Zapatero, que es ideólogo de este dualismo, el impulsor de esta nueva política, podría representarse como un dios menor, Jano bifronte de la nueva izquierda, con dos caras que miran en sentido opuesto. Y que las sedes del PSOE se construyan siguiendo el modelo de aquellos templos del Foro en honor de Jano, con puertas en el este y en el oeste, en la izquierda y en la derecha, frente al amanecer y frente al crepúsculo.

Zapatero bifronte, sí, con dos políticas contrarias que buscan la tensión interior mientras que la alejan siempre del exterior. Hacia adentro, el Gobierno atiza el fuego y se encarga de mantener a la ciudadanía española en alerta, enfrentando a sectores, con debates dispares, ya sean morales ya sean económicos, que resucitan la lucha de clases y desdibujan la uniformidad de la clase media. Es un gran hallazgo, no crean: la respuesta a la crisis ideológica de la izquierda es la recreación de una sociedad de clases, y si eso ya no es posible por el imperio de la clase media, se introducen debates en la sociedad que vuelven a generar ese efecto de clases dispares, la progresista y la conservadora. Como es una política transversal, la tensión interior es un mandato que afecta a todos los ministerios, a unos les tocará la Ley del Aborto o los crucifijos, a otros los recortes en Internet y a los de más allá la subida de impuestos. El caso es generar continuos debates que llegan a la crispación, agitar las conciencias, tocarle las entrañas al personal con todo aquello que logre soliviantarlo. Lo que nunca hará el presidente es concederle a ninguno de esos colectivos afectados por sus medidas la consideración, la flexibilidad, que despliega en sus problemas del exterior.

Para el exterior, la política siempre será la de evitar cualquier tensión, incluso a costa de la renuncia de los principios, de las creencias o de los derechos propios y de cualquier razón, ya sea histórica, cultural o sociológica. Aquí, el Zapatero bifronte mira al exterior con la cara de la renuncia. Miren, por ejemplo, los dos últimos incidentes: Detienen en Gibraltar a guardias civiles españoles y, antes siquiera de conocer lo ocurrido, el Gobierno español pide disculpas a la Roca, ese paraíso de opacidad. Marruecos maltrata a una mujer por pedir la descolonización del Sahara, la envía a Canarias y engaña al Gobierno español antes, durante y después del incidente. El Gobierno guarda silencio, presiona a la activista para que deje de dar problemas y encomienda toda la estrategia diplomática a que el rey alauita le conceda, nos conceda, el perdón.

¿Se aprecia la diferencia entre Zapatero dentro y fuera de España? Si necesitan alguna prueba más, analicen, por ejemplo, la diferencia que existe entre la Alianza de Civilizaciones y la Ley de Memoria Histórica.

– No, no, si lo del Zapatero bifronte se entiende perfectamente. Yo lo que digo es que a ver cuándo coño le dan la vuelta a la estatua y el presidente de España mira a los españoles por lo menos como a los gibraltareños o los marroquíes…


Imagen: elrincondelvirrey.blogspot.com/

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